Los sombreros


Los sombreros escondían grandes secretos. Al menos cuando se los usaba… ahora casi no se ven, excepto claro entre aquellas comunidades religiosas que lo usan más como atavío de su costumbre que como moda.

Las modas van y vienen. El otro día vi venir una moda y ¡menos mal que la pude esquivar! Las modas actuales son muy feroces y convincentes. Casi es imposible decirles que no. ¡Es más! El que les dice que no, queda solo, porque la mayoría corre con la moda y correr contra la corriente (o moda) no es algo que se ponga de moda. Yo por eso no corro contra la corriente, además, desde que tengo estos calambres apenas si puedo caminar.

Pero antes de irme por las ramas quería decir algo sobre los sombreros aunque en lugar de decirlo creo que mejor lo escribo, dado que si Ud. lee estos textos, poco sentido tendrá lo que yo pueda decirle.

Los sombreros son un poco parte del hombre que lo usa. Tenía un amigo que cuando se sacaba el sombrero creía que se moría. Lo que pasa es que de tanto usarlo se le había pegado, y el sólo hecho de tratar de sacárselo le proporcionaba unos voluminosos dolores de cabeza.

Pero no sólo para los hombres son los sombreros. También están las sombreras (o sombreros de mujer) aunque también están las hombreras (a no confundir!) Las mujeres tienen hombres y hombreras. Pero los hombres sólo tenemos mujeres, no usamos mujereras.

La mejor señal para indicar que un hombre tiene correctamente colocado su sombrero es que le queda pésimo. Por lo general, un sombrero queda lindo cuando está torcido. Hacia adelante, es un signo de tipo guapo, prepoteador y autoritario. Para atrás, es un tipo vergonzoso, inquieto y temeroso de que le caiga algo de arriba, por eso se la pasa mirando para la misma (para arriba).

Cuando el sombrero cae graciosamente hacia un costado de la cabeza, no produce (paradójicamente) ninguna gracia, pero denota una cultura, una templanza, un no sé qué, que si supiera, perdería esa gracia que no tiene pero que ya describimos de modo irrefutable en el comienzo del párrafo.

El sombrero grande, da la idea de que el dueño no sabe comprar, o se lo compró la esposa. Por lo general, se cae por encima de las orejas y le tapa los ojos.

El sombrero chico, suele ser herencia, y queda chico por los malos lavados.

El sombrerero loco de Alicia en el País de las Maravillas, como verán los más entendidos, se olvidó de quitarle a su sombrero la etiqueta con el precio. Pero toma té que dá miedo.

La distancia entre el sombrero de una mujer y nuestra nariz, es directamente proporcional a la estampida de nuestro estornudo.
Basta encontrarse con una dama de sombrero lujoso para sentir que te pica todo. Como cuando hablás de piojos o pulgas y te empieza a picar el cuerpo por las dudas. O quizá te pica de antemano, para que cuando ellas piquen ya lo hagan sobre terreno rascado, permitiendo esa sensación de precognición que tan bien nos hace a los seres humanos, que en todo nos creemos superiores.

Bueno, hasta aquí mi discurrir sobre el sombrero. En cuanto alcance un conocimiento de mayor envergadura, obligaré a mis dedos a confesar lo que saben en favor de los ávidos lectores por textos que profundicen en la materia.

Yo.

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