Presentación de Don Eleuterio


A partir de hoy, contaremos con la presencia de un segundo personaje
en nuestro blog.

Se trata nada menos que de… Don Eleuterio Paredes.

Un personaje de campo. Pero conózcanlo por ustedes mismos…

Recuerden siempre que para aclarar algunas palabras del campo que
utiliza Don Eleuterio, hemos encerrado su significado mediante los
paréntesis: ().

PALABRAS DE DON ELEUTERIO:

Bueh! Estas ciudades son siempre iguales… No puede ser que no
pongan pasto pa’ los pingos (caballos) en estos postes metálicos (se
refiere a los parquímetros para estacionar autos).

– Quédese ahí Molibdeno (así bautizó a su caballo), no se mueva, y si ve una yegua que esté güena, me le desvía la vista como toda bestia educada, ¿me oyó?. (El caballo parecía comprenderlo, porque le respondió con un relincho mientras sacudía su cabeza en forma ascendente y descendente).

Nuestro nuevo personaje se detuvo en una confitería.
Entró y se sentó en una mesa vacía.
Entonces se le acercó un mozo, y le dijo que mejor se sentara en una silla, señalándole una.

Él lo hizo y le dijo al mozo:

– M’hijo (abreviatura vulgar de campo que se utiliza para decir cariñosamente a alguien más joven que uno “mi hijo”), ¿no sabe si hay un hombre de “~PROFERAY~” esperándome? Quedé que nos íbamos a encontrar en esta cantina…

– Señor, esto es una confitería, le ruego que mida sus términos.

Entonces, Don Eleuterio, ni lerdo ni perezoso, sacó de su bolsillo una cinta métrica y comenzó a medirse el pié.

– ¿Pero qué hace? – preguntó el mozo asombrado, mientras veía al gaucho que se había sacado las alpargatas y estaba con el pié en medio de la mesa.

– ¿No me dijo que midiera mis términos? La pata se me termina en el pié…

– Pero, usted no me entendió…

– Veintisiete… ¿no es hermoso? Mire, ese cayo lo tengo desde que tengo uso de razón.

– ¡Pero, baje ese pié de la mesa! ¡Por favor!

– ¿Quiere que midamos el otro?

– ¡¡¡No!!! ¡Dígame qué desea tomar!

– Che! ¡Qué mal carácter tienen en esta cantina!

– ¡Basta! ¡Esto no es una cantina! ¡Es una confitería de categoría!

– ¿Y sin vitrola (máquina de música)? No creo que sea un boliche serio…

(El mozo redujo al mínimo sus emociones que estaban a punto de explotar y conteniéndose le habló en voz suave)

– Señor, ¿qué desea tomar, por favor?

– Leche recién ordeñada.

– No tenemos, pero puedo ofrecerle una bebida espiritosa.

– ¡Vade retro Satanás! – le gritó retrocediendo con silla y todo, golpeando su espalda contra la vidriera lateral – ¡Ni me hable de espiritos!

– Disculpe, señor, así llamamos a las bebidas alcohólicas.

– Ah! Al chupe… – dijo Don Eleuterio recuperando la compostura.

– ¿Perdón? – preguntó el mozo como queriendo volver a escuchar lo que le dijo el gaucho.

Entonces, Don Eleuterio, acercándose al mozo, lo codeó, y guiñándole
el ojo le dijo:

– Al chupe… Está bien… No me meto. Hay un dicho que dice: “Cada cual con su cada qué”, así que no le digo nada, pero para que esto ande bien, o sea, por la buena de Dios, tendrían que cambiar muchas cosas…

– ¿De qué me habla?

– Le pido leche y me intenta intoxicar. ¿Le parece poco?

– ¡Qué pavadas habla, señor! Aquí atendemos a la gente de la mejor manera.

– ¿Y no tienen ni una mísera vaca para los cristianos abstemios? ¡¿Qué clase de boliche es?! – dijo a medida que levantaba la voz – ¡Allá, en Pago Grande, tenemos la cantina de Don Cosme, que tiene doce vacas y tres vitrolas, mire!

– Esto es una ciudad, señor. Aquí no tenemos vacas.

– Así les va. No veo mucha gente de campo haciendo turismo en la ciudad, pero sí veo que muchos de los locos de acá van p’al campo para “desintoxicarse” de las porquerías que consumen acá.

– Bueno, en realidad, tiene razón – contestó el mozo considerando la realidad, y retomando la conversación le dijo:

– Señor, tengo mucha gente que está llegando y debo atender… Le dejo la carta para que elija algo para comer o beber y paso enseguida.

– Vaya nomás… – respondió Don Eleuterio haciéndole una seña con la mano que indicaba que se tome su tiempo.

Cuando yo llegué al lugar para entrevistarme con él, lo vi medio desorientado, pero seguro de sí mismo. En otro mensaje vamos a desarrollar lo que realmente pasó por la mente de Don Eleuterio, y vamos a conocer a un personaje fascinante a la altura del sitio “Falta Menos”.

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