Manotazo de ahogado!!!


Estuve en la costa cuando tenía 20 años por primera vez…

En una oportunidad casi me ahogo buscando un supuesto “banco de arena” que descansaba “más adelante”.
Lo cierto es que no logré encontrar ese banco de arena, (que sí había descubierto días atrás) y continué nadando hacia las profundidades del mar, ignorando que el problema en algunos momentos del día… es regresar.

Desde la distancia veía la playa con puntos pequeños (gente, carpas, etc) y comprendí que me había alejado demasiado de la costa…

Al “intentar” regresar a la playa, noté con desesperación que mis fuerzas se habían agotado. Entrecomillo la palabra “intentar” para destacar que era algo vano… Cuanto más me esforzaba por acercarme a la playa, tanto más el agua me arrastraba hacia aguas más alejadas y profundas.

Hasta el día de hoy, ignoro cuál fue el medio que Dios utilizó para rescatarme, sólo recuerdo que en medio de la desesperación pensé “¡Dios mío ayudame porque me muero!”. No pasó un segundo cuando “de pronto” me encontraba chapoteando entre el agua y el arena en un lugar en donde sólo “nadan” los pequeños de 1 a 3 años. No había más que 30 centímetros de agua. Me levanté. Me encontraba cansado, y miré a mi alrededor a toda la gente que sin saber lo que me había ocurrido, seguía con sus cosas, sin siquiera mirarme.

Me sentí raro.

No deseaba ser observado, pero me llamó la atención la actitud indiferente de la gente. Seguramente por ignorar qué suerte me habría tocado de no mediar tan tremendo milagro. A nadie le importaba mi vida. Podría haber muerto. Pero… ¿a nadie le importaba mi vida? Hubo uno que sí estuvo atento a mi necesidad. Ni siquiera me fue necesario hablarle. No lo conocía aún como mi Señor y Salvador. Pero ya me escuchaba y respondía por amor a mis súplicas desesperadas.

Hace un mes, estuve nuevamente en el mar. Ya han pasado más de 20 años de aquel episodio. Es lamentable tener que confesar que no he aprendido. Me metí en el mar, buscando el banco de arena que otros días estaba tan cerca, y ¿saben qué pasó? No lo encontré…

Me encontraba demasiado cerca de la playa, pero el agua me arrastraba hacia adentro cada vez más lejos de la zona de las carpas y de las personas.

Noté que me cansé mucho antes que hacía veinte años… El cuerpo tolera menos exigencias que antes.

De pronto, ¡Glup! Tragué agua… Saladísima !!! Intenté una vez más regresar, pero Glup!!! otra bocanada de agua salada (que sabe horrible) y entonces reaccioné…

Mi hija se encontraba mucho más cerca de la arena y me había perdido de vista. Luego me comentó que se desesperó y no sabía qué hacer, si pedir ayuda o si quizá la situación no era de peligro. Lo cierto es que se asustó y no supo cómo manejar la situación. Sólo tiene 13 años.

Ella escuchó un grito, pero no le pareció que fuera mi voz. Porque no era la voz confiada de su padre dándole algún consejo. Nunca había escuchado a su padre gritar con voz temerosa.

¡Auxilio! Fue sólo un grito… Uno sólo fue suficiente, cuatro bañeros (en otros países se les llama bañistas) me sorprendieron por su velocidad y rapidez. No me estaba ahogando, pero no faltaría mucho y no quería perder el tiempo mientras seguía tragando agua.

Me rescataron y sólo alcancé a agradecerles cuando se perdieron en la multitud, cada cual al sector de su propio balneario.

La playa sí era la misma, Villa Gesell en la costa Argentina.

No puedo asegurar que haya aprendido la lección… Pero sí he comprendido que a veces es necesario reconocer los errores.

Ante los bañeros fui sincero: “¡Qué torpe soy!”, dije. Ellos me comentaron que sucede muy a menudoya que la marea baja en cierto momento del día y el mar arrastra hacia adentro.

En la costa prefiero Villa Gesell, pero si me preguntan y me piden una opinión sobre dónde viajar para conocer paisajes asombrosos y respirar aire PURO, no lo dudo, prefiero las Sierras de Córdoba… y para ello les recomiendo un sitio: www.vallepunilla.com.ar

Bueno… Nos vemos en otro “posteo”…

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