C. S. Lewis – 4) Lo que hay detrás de la ley


4) Lo que hay detrás de la ley

Permítasenos un resumen de lo que hasta ahora hemos dicho.

En el caso de las piedras y los árboles y cosas semejantes, lo que llamamos leyes de la naturaleza puede que no sea sino una manera de hablar.

Cuando se dice que la naturaleza se halla gobernada por ciertas leyes, puede ser que sólo signifique que la naturaleza se comporta, en efecto, en una cierta forma.

Las llamadas leyes puede que no sean algo real que esté por encima y más allá de los hechos que podemos observar. Pero en el caso del hombre, vimos que no es así. La ley de la naturaleza humana o ley de lo correcto y lo incorrecto puede ser que sea algo que esté por encima y más allá de la realidad de la conducta humana.

En ese caso tenemos algo más: una ley real que no inventamos y que sabemos que tenemos que obedecer.

Ahora quiero considerar lo que esto nos dice en cuanto al universo en que vivimos.

Desde que los hombres estuvieron en capacidad de pensar, han estado preguntándose qué es en realidad el universo y cómo surgió.

Y, en forma muy somera, dos son los puntos de vista propuestos.

El primero es el que se conoce como el punto de vista materialista.

Quienes sostienen tal punto de vista piensan que la materia y el espacio simplemente existen y siempre han existido, nadie sabe cómo; y que la materia, comportándose en ciertas formas fijas y por una especie de azar, llegó a producir criaturas como nosotros, con capacidad de pensar.

Por una casualidad entre millares de otras posibles, algo entró en colisión con nuestro sol y le hizo producir los planetas; y por otra casualidad entre millares de otras, los elementos químicos necesarios para la vida y la temperatura correcta se presentaron en uno de estos planetas, y parte de la materia de este planeta cobró vida; y luego, por una muy prolongada serie de casualidades, las criaturas vivientes se desarrollaron hasta llegar a ser seres como nosotros.

El otro punto de vista es el religioso: De acuerdo con él, lo que hay detrás del universo es más como una mente que como cualquiera otra cosa que conocemos. Es decir, es consciente y tiene propósitos y prefiere una cosa a la otra. Y según este punto de vista, esa mente hizo el universo, en parte con propósitos que no conocemos, pero en parte, por lo menos, para producir criaturas como El, en el sentido de que tuvieran mente.

No se crea que uno de estos dos puntos de vista se sostuvo hace ya muchísimo tiempo y que el otro en forma gradual ha ido tomando su lugar. Dondequiera que ha habido hombres pensantes ambos puntos de vista han coexistido.

Y téngase también en cuenta esto: no se puede determinar cuál de los dos puntos de vista sea el correcto recurriendo a la ciencia en su sentido ordinario.

La ciencia trabaja por medio de experimentos. Observa cómo se comportan las cosas.
Toda declaración científica a la larga, por complicada que parezca, en realidad significa más o menos esto:

“Dirigí el telescopio a tal y tal parte del espacio a las 2:20 a.m. el 15 de enero y vi tal y tal cosa”, o,”Puse parte de esta materia en una vasija y la calenté a tal y tal temperatura y el resultado fue tal y tal”.

No se crea que estoy diciendo nada en contra de la ciencia; sólo estoy apuntando en qué consiste su trabajo.

Y mientras más científico sea el hombre, creo yo, más de acuerdo con nosotros estará en cuanto a la forma en que trabaja la ciencia, trabajo muy útil y necesario.

Pero el porqué las cosas existen y si hay algo detrás de las cosas que la ciencia observa, algo que es de una clase diferente, no es un asunto científico. Si es que existe “Algo Detrás”, o bien permanecerá por completo desconocido, por los hombres, o bien se dará a conocer en alguna forma diferente.

La afirmación de que existe ese algo, y la de que no existe, son declaraciones que la ciencia no puede hacer.

Y los verdaderos científicos por lo general no las hacen. Generalmente son los periodistas y los novelistas populares los que, captando aquí y allá ciertos hechos científicos a medio cocinar, se atreven a hacer afirmaciones en uno u otro sentido.

Después de todo, es lógico. Suponiendo que la ciencia llegue a perfeccionarse tanto que conozca cada una de las cosas de todo el universo, ¿no es claro que interrogantes tales como: “¿Por qué hay un universo?”, “¿Por qué se comporta tal como lo vemos?”, “¿Tiene esto algún significado?” quedarán siendo como son, simples interrogantes?

Sería esta una posición por completo desalentadora si no fuera por esto: existe una cosa, y solamente una, en todo el universo de la que sabemos más que lo que podemos aprender por observación externa. Y esa cosa es el hombre.

No solamente es que observemos a los hombres: es que somos hombres.

En este caso tenemos, por decirlo así, información interna; sabemos de lo que se trata. Y es por ello que sabemos que los hombres se hallan bajo una ley moral que no hicieron ellos, que no pueden ignorar así traten de hacerlo y que saben que tienen que obedecer.

Nótese el punto siguiente.

Cualquiera que estudie al hombre desde afuera, tal como estudiamos la electricidad y los repollos, sin conocer nuestro lenguaje y por lo tanto sin ser capaz de llegar a un conocimiento interior de lo que somos los hombres, nunca llegaría a tener la más mínima evidencia de que tuviéramos esta ley moral.

¿Cómo podría tenerla? Por su observación sólo podría llegar a conocer lo que hacemos, y la ley moral tiene que ver con lo que deberíamos hacer.

En la misma forma, si hubiera algo que estuviera por encima y más allá de los hechos observados en el caso de las rocas o del tiempo ambiental, nosotros, al estudiarlo desde afuera, nunca podríamos esperar descubrirlo.

La posición del asunto, entonces, es algo así: deseamos saber si el universo simplemente llegó a ser lo que es sin más ni más, o si hay un poder tras de él que lo hace ser lo que es.

Como tal poder, si es que existe, no sería ninguno de los hechos observados, sino una realidad que hizo que tales hechos tuvieran lugar, ninguna mera observación de los hechos lo podría hallar.

Sólo existe un caso en el cual podemos saber si existe algo más: nuestro propio caso.

Y en ese caso hallamos que sí. O poniéndolo en otra forma completamente distinta: si hubo un poder controlador fuera del universo, no se nos podía mostrar como uno de los hechos del universo de la misma manera que el arquitecto de una casa no podría ser una pared, unos escalones o la chimenea de esa casa.
La única forma en la cual podríamos esperar que se nos mostrara sería dentro de nosotros mismos como una influencia o como un mandato a comportarnos en cierta forma.

Y esto es justamente lo que hallamos dentro de nosotros. ¿No debería despertar esto sospechas en nosotros? En el único caso donde podríamos esperar conseguir una respuesta, la respuesta es sí; y en todos los demás casos, donde no se logra una respuesta, vemos por qué no.

Supongamos que alguien nos pregunta: “Cuando veo a un hombre en uniforme azul que deja sobres de papel en cada casa, ¿por qué supongo que tales sobres contienen cartas?” Nuestra respuesta sería: “Porque cuantas veces este mismo hombre deja para nosotros sobres semejantes encuentro que contienen cartas”.

Y si se objetara: “Pero es que nunca has visto las cartas que supones que los demás están recibiendo”, contestaríamos: “Por supuesto que no, y no las esperábamos ver, porque no estaban dirigidas a nosotros.

Estoy deduciendo lo que son los sobres que se supone que no debemos abrir por los que podemos abrir”.

Es lo mismo que sucede con este asunto. El único sobre que se nos permite abrir es el hombre.

Cuando lo hacemos, especialmente cuando se trata de ese sobre particular que se llama “yo”, hallamos que no vivimos por la libre, que nos hallamos bajo una ley; que algo o alguien desea que nos comportemos en cierta forma.

Por supuesto que no creo que si pudiéramos penetrar dentro de una piedra o un árbol hallaríamos exactamente la misma cosa, tal como no creo que las otras personas de la calle en que vivimos recibirán las mismas cartas que nosotros recibimos.

Esperaríamos hallar, por ejemplo, que la piedra tiene que obedecer a la ley de la gravedad, que si bien quien envía la carta nos está diciendo simplemente que obedezcamos la ley de nuestra propia naturaleza humana, compele a la piedra para que obedezca las leyes de su naturaleza pétrea.

Pero en ambos casos es de esperar que quien envía las cartas, por decirlo así, sea un Poder detrás de los hechos, un Director, un Guía.

No se piense que nos estamos apresurando más de lo que debiéramos.

No estamos todavía ni a cien kilómetros del Dios de la teología cristiana.

Todo lo que hasta ahora hemos hallado es el Algo que dirige el universo, y que se manifiesta en nosotros como una ley que nos incita a que hagamos lo recto y que nos hace sentir responsables y desasosegados cuando actuamos mal.

Creo que debemos asumir que se trata más bien de una mente, porque lo único que conocemos es la materia, y es difícil imaginarse que un poco de materia pueda dar instrucciones. Mas con todo, no es necesario que sea muy semejante a una mente y mucho menos a una persona.

En el próximo capítulo veremos si podemos hallar algo más en cuanto a esto. Pero cuidado.

Durante los últimos cien años es mucho lo que se ha hablado de Dios con un lenguaje semipiadoso y semicientífico.

No es esto lo que estoy ofreciendo aquí. Puede darlo por descartado.

Nota: Para mantener esta sección algo condensada cuando se transmitió por la radio, mencioné sólo el punto de vista materialista y él religioso. Pero para completarlo debo mencionar un punto medio entre los dos llamado filosofía de la Vida-Fuerza, evolución creativa o evolución emergente.

Las más sutiles exposiciones de ella se presentan en las obras de Bernard Shaw, pero las más profundas en las obras de Bergson.

Quienes sostienen este punto de vista dicen que las pequeñas variaciones por las cuales la vida en este planeta “evolucionó ” desde las formas más bajas hasta llegar al hombre no se debieron a cambios sino al “ímpetu” o “fuerza de propósito” de una Vida-Fuerza.

Cuando la gente habla de esto, debiéramos preguntarles si al decir Vida-Fuerza se refieren a algo que posee mente o no.

Si contestan afirmativamente, entonces “una mente que crea la vida y la conduce a la perfección” es realmente un Dios, y el punto de vista” de ellos por lo tanto es idéntico al religioso.

Si dicen que la Vida-Fuerza no tiene mente, ¿entonces cuál es el sentido que hay al decir que una cosa sin mente tiene “ímpetu” o “propósito”?

Me parece que esto es fatal para su punto de vista. Una de las razones por las cuales tantas gentes hallan tan atractiva la evolución creativa es que proporciona mucho del consuelo emocional de creer en Dios sin ninguna de las consecuencias menos agradables.

Cuando uno se siente bien y el sol brilla y no se quiere creer que el universo no es más que una danza mecánica de átomos, es muy agradable poder pensar en esa gran Fuerza misteriosa que va rodando a través de los siglos y que nos lleva en su cresta. Si, por otra parte, se desea hacer algo no muy bueno, la Vida-Fuerza, siendo como es una fuerza ciega sin principios morales ni mente alguna, nunca interferirá con lo que hagan tal como lo hace el intruso Dios del cual aprendimos cuando éramos niños.

La Vida-Fuerza es una especie de Dios domado. Pueden activarlo cuando así lo deseen, pero nunca les causará molestias.

Todas las ventajas de la religión sin ninguno de sus costos. ¿Es la Vida-Fuerza el mayor logro de los sueños vanos que el mundo ha visto?

C. S. Lewis

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