Una orgía en plena aula con alumnos de 11 y 13 años


Basta leer el título para que los pelos se nos ericen…

La noticia con fecha 05-04-2007 (que pueden leer desde su fuente en INFOBAE.COM ) dice esto:

Los chicos aprovecharon la ausencia de un profesor para realizar un escandaloso acto frente a sus compañeros. Son cuatro niños de quinto grado y tienen entre 11 y 13 años. Otro de los niños actuó de “campana”

El hecho ocurrió en el municipio de Spearsville, al norte de Louisiana, en los Estados Unidos, y ha escandalizado a todo el país, luego de que se conociera que cuatro alumnos y otro que actuó de cómplice mantuvieran relaciones sexuales en plena aula y ante la vista de los demás compañeros.

Los protagonistas son dos niñas de 11 años, un chico de 12 y otro de 13, quienes serán acusados por escándalo público y comportamiento obsceno. El restante alumno actuó de “campana” y sólo sería acusado por ser cómplice.

Todo ocurrió cuando los chicos aprovecharon que su profesor se ausentó del aula durante unos 15 minutos para mantener una reunión con otros docentes.

Bob Buckley, sheriff del lugar dijo que “cuando vieron que el profesor no volvía, los cuatro decidieron mantener relaciones sexuales ante el resto de sus compañeros”.

Todo se conoció el 28 de marzo, un día después de ocurridos los hechos, luego de que uno de los asistentes al escandaloso “show” contara lo sucedido a un alumno mayor, quien dio cuenta de todo a un profesor.

“Antes de que el profesor volviera, tuvieron tiempo de limpiar cualquier evidencia de lo que había sucedido”, señaló Buckley, según consignó la agencia AP.

Los chicos fueron detenidos el martes, pero ya están con sus padres hasta que un Tribunal de Menores decida su suerte, aunque se desconocen aún las penas a las que podrán someterse.

Está por verse obviamente la realidad de estos actos.

Pero… ¿Quién le pone límites a los niños de hoy?

En muchos hogares se habla de sexo de un modo tan liviano y tan “divertido” que es imposible que los niños de tal hogar logren poner límites por sí mismos a sus hormonas en crecimiento.

Les hemos permitido que se corrompan a su antojo. Esto se debe a una seria falta de educación (de ellos y también de quienes debieran inculcarles valores morales firmes y sólidos desde su más tierna infancia) .

Si desde niños somos criados sin poner atención a la prolijidad, pues, es complicado que crezcamos siendo prolijos.

Si desde que nacemos se nos dan todos los gustos de cuanta cosa se nos ocurre y nunca comprendemos el valor del esfuerzo para conseguir una meta (ya que mami o papi siempre están allí para hacernos la vida mucho más fácil y accesible) será un verdadero milagro llegar a ser un adulto responsable, honesto, intachable.

¿No suenan raras estas palabras? Honestidad. Responsabilidad. Intachable… ¿Existirá alguien (en sus cabales) que pueda levantar su mano y decir: -“¡yo soy ejemplo de eso que acaba de mencionar!”-?

Valores.

Se han perdido los valores. En realidad, no es que no existan. El hecho más grave es que no nos hemos preocupado por alentar esas conductas a nuestros niños.

En parte se debe a la vorágine laboral actual, en donde ofrecer a nuestros niños tiempo, resulta en menor rendimiento en nuestras actividades y locas carreras por mejores posiciones en lo que hacemos.

¿En dónde está la falla?

¿En las leyes? ¿En nosotros? ¿Podremos echarle a Dios (como tantas otras veces) la culpa de nuestras responsabilidades como formadores y “criadores” de las vidas que Él ha puesto en nuestras manos para administrar?

¿Seguiremos asistiendo a nuestra congregación felices de estar sintiendo tanta “presencia de Dios” traducida en una sensación mezcla de bienestar y paz con “electricidad” que nos aletarga cada vez más en nuestro modo de ver la realidad, en lugar de transformarnos para ser iguales al Señor y ocuparnos verdaderamente de lo que importa? ¿Cuándo pondremos de una buena vez (sin descuidar la comunión con Dios) manos a la obra en lo que realmente importa?

¿Cómo serán los cristianos en 20 años?

Somos los que fijamos las pautas para, y damos el ejemplo a, futuras generaciones.

Somos responsables de no mirar al costado y doblar nuestros esfuerzos por mejorar esto.

Si pensamos que Jesús puede regresar en cualquier momento por Su iglesia y creemos que pronto vendrá a redimirnos… ¿nos cruzaremos de brazos, esperando sentados a que todo acontezca? ¿O haremos lo que esté a nuestro alcance mientras tengamos vida, para que muchos más puedan entrar en el reino?

Estamos hablando de niños. Esos mismos acerca de los cuales Jesús dijo: “Dejad a los niños venir a mí y no se lo impidáis porque de ellos es el reino de Dios”.

Hablamos de niños. De los mismos niños que tratamos de sentar lejos en las reuniones para que no molesten con sus ruidos en el momento de la predicación de la palabra de Dios.

Esos mismos niños, que se saben molestia en un culto…

Esos niños que conocen la “doble personalidad” de papá o mamá, que en la iglesia es taaaaaaaaaaan espiritual pero en casa sólo grita, pega y regaña. Padres o madres que no muestran señales de querer compartir la vida de Dios a sus hijos.

Padres o madres que esconden a sus hijos del rostro de Dios. Pues… “para ellos habrá tiempo luego”.

No mamá… No papá… El tiempo ya pasó. Un año, tres, o los que sean, de la vida de tu hijo, ya no volverán.

Es inútil poner estacas y guías al costado de un árbol que ya posee raíces de hace muchos años y cuya copa ya es visible a la distancia.

Las correcciones más importantes son las aplicadas con amor, con sabiduría, sin rencores ni odios, en edad temprana. Con la suficiente ternura para hacer comprender que uno busca lo mejor para esa débil planta que está creciendo. Pero con la suficiente firmeza para impedir que la torcedura de sus ramas se torne “inderezable”.

Si ya pasó tiempo, comienza hoy mismo a enderezar el rumbo torcido.

Un grande como C. S. Lewis, autor de libros cristianos increíbles que siempre recomiendo, entre ellos la fábula para niños “Las crónicas de Narnia”, decía lo siguiente:

“No existe ninguna virtud en seguir avanzando cuando uno reconoce haber equivocado el camino. En todo caso, el mejor signo de que uno avanzará en el sentido correcto, es pararse, volver al punto en donde se desvió y allí retomar el camino. Cuanto más rápido se tome la desición de retroceder (en ese caso) más rápido se estará avanzando”.

Que Dios les bendiga a todos.

Cómo desearía no tener que leer otra vez noticias como éstas…

Raimundo Baravaglio

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