El conocimiento de las escrituras, no equivale al conocimiento de Dios.


Escrito rescatado del libro “Conocimiento Espiritual” de Nee Too Sheng (Watchman Nee) de Editorial Vida. Edición de 1986. Original de 1973.

Cierta vez llegaron unas personas a Jerusalén e iban preguntando por todas partes: “¿Dónde está el rey de lo judíos que ha nacido?”.

Ellos les preguntaban a todos mientras iban caminando.

Llegó esto a oídos de Herodes y se turbó.

Mandó llamar a los principales sacerdotes y a los escribas del pueblo para inquirir de ellos dónde iba a nacer el Cristo.

Cuando los sacerdotes y los escribas oyeron esta pregunta, ¿acaso alguno de ellos contestó que tenía que ir a su casa para escudriñar las Escrituras o que se le había olvidado traer su Biblia?

No, sino que rápidamente reitaron de memoria al profeta y contestaron: “En Belén de Judea”.

Esto nos revela lo bueno que era su conocimiento de las Esrituras.

Cuando se les preguntó pudieron dar una respuesta instantánea.

¿Fue errónea la respuesta?

No, de ninguna manera.

Sin embargo lo sorprendente fue que después que dieron esa respuesta, ninguno de los escribas ni de los ancianos saliera para ir a Belén.

Lo que ellos sabían era de lo más exacto; sin embargo, lo único que hicieron fue decirles a los magos del oriente que fueran a Belén.

Fueron como el policía de tránsito que dirige a la gente hacia donde cada uno quiere ir en tanto que él sigue inmóvil en su puesto.

Aunque su conocimiento era excelente, ellos en persona no fueron ni buscaron al Mesías.

Estos magos deben de haber sabido por los escritos de Daniel que nacería un niño que iría a ser el Rey de los judíos, y fue por eso que hicieron un largo viaje para hallar al Señor.

¿No es extraño que los que tenían poco conocimiento de las Escrituras buscaran con ansiedad al Rey de los judíos, en tanto que los que tenían gran conocimiento de las Escrituras no lo buscaran?

Habiendo viajado un largo tracho para buscar al Señor, la gente que vino del oriente finalmente lo encontró.

Por eso es posible que los que sólo tienen el conocimiento bíblico no conozcan a Dios.

Esto resulta cierto no sólo en lo concerniente al nacimiento de Cristo sino también en cuanto a su muerte.

¿No fue acaso Caifás el que predijo: “Nos conviene que un hombre muera por el pueblo, y no que toda la nación perezca” (Juan 11:50) ?

¿Quién fue, no obstante, el que condenó a muerte al Señor Jesús?

¿Quién sino Caifás y su suegro Anás?

De ahí se ve lo inútil que es tener conocimientos bíblicos sin conocer al mismo tiempo a Dios.

A través de las profecías de Jeremías Dios fue diciendo una y otra vez: “Daré mi ley en su mente, y la escribiré en su corazón… Y no enseñará más ninguno a su prójimo, ni ninguno a su hermano, diciendo: Conoce a Jehová; porque todos me conocerán, desde el más pequeño de ellos hasta el más grande” (Jeremías 31:33-34).

No es suficiente tener un conocimiento exterior de la Biblia.

Deseo que ustedes se den cuenta de cuán inadecuado es el simple conocimiento mental de la Biblia.

Debemos tratar también de conocer a Dios.

Si lo único que deseamos es obtener conocimiento de la Biblia, sólo necesitamos estudiar mucho y obtener la ayuda de los que poseen conocimiento bíblico.

Pero si lo que queremos es conocer a Dios de verdad (conocer Su poder) debemos tener tratos personales con Él, pues no hay otra manera de lograrlo.

Usted no le habla a la gente tan sólo de la Biblia, le habla de Dios.

Muchos creyentes de hoy en día poseen el conocimiento, pero no han vivido la palabra de Dios.

La verdad que se posee no puede ser puesta en práctica pues sólo es letra, y el apóstol Pablo nos enseñó que la letra mata, mas el Espíritu vivifica.

Me temo que hay muchos hermanos entre nosotros que se encuentran ante un dilema similar.

Si algún otro creyente que no puede vencer el pecado se acerca a ellos para pedirles ayuda, quizá sean capaces de hablarle extensamente sobre la gran doctrina de cómo vencer el pecado, pero sin la experiencia de haberlo vencido.

Por consiguiente, el hermano que viene buscando ayuda regresará a su casa armado con cierto conocimiento de cómo vencer el pecado, pero sin la experiencia de haberlo vencido ni las herramientas para intentarlo.

Dios no ha tenido un trato con ellos, conocen las escrituras, pero desconocen el poder de Dios.

Watchman Nee.

El libro continúa…

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