El Jesús que nunca conocí: La tentación.


Estoy leyendo un libro del autor cristiano Philip Yancey (más cristiano que muchos, aunque seguramente que no le gustaría leer esta opinión sobre su persona) titulado como he titulado el post: “El Jesús que nunca conocí”. ¿Lo recomiendo? ¡ Sí ! Lo recomiendo, (re-comiendo).

En él, el autor comenta su viaje en 1991 a Rusia en tiempos en que el impreio de la Unión Soviética se estaba desintegrando.

Pudo comprobar según sus propias palabras que “setenta y cuatro años de comunismo habían demostrado, más allá de toda duda, que la bondad no se podía legislar desde el Kremlin y obligarse a punta de pistola. Resulta una ironía contundente que los intentos de obligar a la moralidad suelen producir personas desafiantes y gobernantes tiranos que pierden su sentido de moral“.

Esta última frase en negrita es aplicable (literal y prácticamente en su totalidad) a algunas congregaciones evangélicas de la actualidad.

Inmediatamente después de presentar esta experiencia, Philip Yancey hace una analogía entre el poder de Satanás y de Dios, mencionando la lucha en el desierto entre Jesús y su tentador.

El autor haciendo una paráfrasis de dicho diálogo comenta:

La tentación desenmascaró a Satanás, y Dios siguió siendo el mismo. “Si eres Dios”, dijo Satanás, “sorpréndeme y actúa como Dios debiera actuar”. Jesús contestó: “Sólo Dios decide estas cosas, por lo tanto no voy a hacer nada sólo porque me lo pidas.”

El diablo tiene el poder de coaccionar, de deslumbrar, de forzar a la obediencia, de destruir. Los humanos han aprendido mucho de ese poder…

… El poder de Dios, por el contrario, es interno y no coercitivo. Ese poder a veces puede parecer como debilidad. En su compromiso por transformar suavemente desde adentro y en su inquebrantable dependencia de la elección humana, el poder de Dios puede parecerse a una especie de abdicación. Como saben los padres y los enamorados, el amor se puede volver impotente si el amado decide desdeñarlo.

A veces desearía que Dios empleara un toque más fuerte. Mi fe sufre a causa de demasiada libertad, de demasiadas tentaciones de incredulidad. A veces deseo que Dios me abrume, supere mis dudas con certidumbre, brinde pruebas definitivas de su existencia y de su preocupación.

Deseo respuestas rápidas y espectaculares a mis oraciones, sanidad para mis enfermedades, protección y seguridad para mis seres amados.

Cuando pienso en estos términos, veo en mi mismo un eco débil y resonante del desafío que Satanás le lanzó a Jesús hace dos mil años.

Dios resiste estas tentaciones y opta por una forma más lenta y discreta.

George MacDonald dijo:

En lugar de aplastar el poder del mal con su fuerza divina; en lugar de imponer justicia y de destruir a los injustos; en lugar de establecer la paz mediante el gobierno de un príncipe perfecto; en lugar de juntar a los hijos de Jerusalén bajo Sus alas, quisieran o no, para salvaguardarlos de los horrores que angustiaban su alma profética, dejó que el mal hiciera su labor mientras pudiera; se contentó con los caminos lentos y desalentadores de ayudar en lo esencial; hacer buenos a los hombres; arrojar, y no simplemente controlar, a Satanás…
Amar la justicia y hacer que crezca, no desquitarse…
Resistió todos los impulsos de actuar más rápidamente para conseguir un bien menor.

Y continúa Philip Yancey: Lo más sorprendente de Dios es su negativa a actuar. La terrible insistencia de Dios en la libertad humana es tan absoluta que nos dio poder para vivir como si Él no existiera, para escupirle el rostro, para crucificarlo. Todo esto lo tuvo que saber por anticipado Jesús cuando se enfrentó con el tentador en el desierto, centrando su grandioso poder en la fuerza de refrenarse

Creo que Dios insiste en refrenarse porque ningún despliegue pirotécnico de omnipotencia conseguiría la respuesta que desea. Aunque se puede obligar a la obediencia por la fuerza, sólo el amor puede producir una respuesta de amor, que es lo que Dios desea de nosotros y la razón por la que nos ha creado.

Hasta aquí el increíble texto de Yancey. Ese “poder de refrenarse”… ¿quién lo posee? Algunos cuentan hasta diez antes de explotar, otros ni recuerdan el “uno” que ya están rojos de ira. Pero, poseer TODO el poder y refrenarse por amor, es algo inconmesurablemente hermoso.

Este freno de Dios, es precisamente una demostración del increíble poder de Dios. Quien sabe contenerse. Sabe soportar. Es generoso en paciencia.

En otro párrafo, Yancey menciona que Jesús no pretendía convencer a nadie que lo siga. No se lo veía con la Torá persiguiendo a nadie que no quisiera escuchar. Su auditorio se acercaba a la fuente.

Ocasionalmente, Jesús pasaba por algún camino y conversaba con alguien, pero jamás presionó a nadie respecto de tomar decisión alguna. Al joven rico, le dijo qué debía hacer, pero como Su respuesta no era lo que el joven adinerado había ido a buscar, se volvió por su camino. Jesús sólo lo miró alejarse con dolor y “lo amó” dicen las escrituras.

Es muy distinto a las “estrategias de evangelismo” o hasta el uso de diversos tipos de engaño para convencer a alguien de que asista a una reunión, haciéndole creer que sólo escuchará música, cuando sabemos que lo arrastraremos hasta el momento de la oración.

Jesús no usó ningún tipo de violencia para convicción de sus amados. No utilizó las palabras para engañar a sus amigos, ni para ejercer poder sobre un tercero.

Se movió por la tierra según la voluntad de Dios hasta cumplirla por completo en la cruz.

Eso es saber refrenarse y amar. No otra cosa.

Que el Señor los bendiga !

3 comentarios

  1. Ok, Raimundo.
    Ser perfecto como el Padre es perfecto es una ilusión (o utopía) y el que se la cree, ahí mismo empezó su camino al abismo…
    Abismo de la dominación y el ejercicio de poder sobre el otro, del espíritu de fariseísmo (del lo cual no reniega la iglesia) , de los celos, la murmuración , la envidia…, las comparaciones, la descalificación , el desprecio, la no valorización de cada uno de los integrantes del cuerpo de cristo por lo que cada uno somos … (¿? ) esos a los cuales Jesús amó hasta dar la vida , pero…
    El punto es que:
    No somos como Jesús…, hacemos el continuo intento ( a veces no tan continuo)
    Y eso lo sabemos.
    Entonces?
    Qué hacemos? Nos vamos a la cueva?
    Elías y David tuvieron períodos de esconderse en la cueva…, y salieron.
    La pregunta del millón: ¿Qué quiere Dios que haga? Es voluntad de Dios que vaya a la cueva?
    Hay verdaderamente un Saúl o una Jezabel que quieren matarme? O…estoy huyendo por otra cuestión, otra cosa?
    Eso, no se yo…, seguramente a vos, en lo secreto, Dios pueda decírtelo.
    Saludos

  2. Y sí Claudia…
    Muchas veces solemos buscar abrigo en la cueva. Algunos logramos quitarnos las cadenas que nos ataron a la cueva y pudimos desplegar alas para tener la libertad de andar por el mundo y decir lo que pensamos.
    Otros creen estar haciendo un sacrificio de fe en miras de su crecimiento espiritual, mientras sólo se sientan por años a mirar a alguien hablar sin alcanzar nunca a escapar a tiempo de esa ligadura de hombres (con todas las formas y complejidades del culto añadidas que no figuran en ninguna parte de la biblia).
    Lo que es peor, hay quienes estarían dispuestos a negar el nombre de Cristo con tal de asegurarse la palmadita en la espalda de su líder, o por defender ciertos dogmas que consideran más firmes que la palabra misma de Dios.

    Existe una distancia eterna entre huir y ser libre. Siempre busqué lo segundo. Obviamente, sólo es posible encontrar esa libertad en Jesús. El error es creer que Dios sólo limita su mover a las cuatro paredes del templo.

    Cuando estén dos o tres reunidos en mi nombre.
    ¿Será en algún sitio en especial? ¿Podrá existir comunión entre dos personas fuera de una congregación determinada?

    Por último, ¿perfectos? Es lo que Jesús nos dijo. Que seamos perfectos. Tal como dijo Pablo… Jesús nos impuso algo imposible de concretar para encerrarlo todo bajo pecado.
    Era el único modo en que podríamos reconocer nuestra absoluta falta de capacidad propia para salvarnos sin la ayuda de Su sacrificio (que sí fue perfecto).

    Que el Señor te bendiga.

  3. […] http://mensajedefuego.org/el-jesas-que-nunca-conoca-la-tentacian/ […]

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