…el que exhorta, en la exhortación…


Recorriendo varios textos (de difícil digestión para muchos) me encontré con estas palabras del apóstol Pablo a los Romanos golpeando en mi mente.

De pronto recordé que exhortar, es un don de Dios.  A veces busco excusas para no decir las cosas tal cual son. Ya sea por error de comprensión, por incapacidad de quitar de mis hombros la tradición que se me ha pegado, por creer que una palabra más dura puede romper el delgado hilo de la misericordia y la gracia de Dios hacia mis lectores.

Pero de pronto recibo de Dios un respaldo para plantarme y decir las cosas como son:

“De manera que,  teniendo diferentes dones,  según la gracia que nos es dada,  si el de profecía,  úsese conforme a la medida de la fe; o si de servicio,  en servir;  o el que enseña,  en la enseñanza; el que exhorta,  en la exhortación;  el que reparte,  con liberalidad;  el que preside,  con solicitud;  el que hace misericordia,  con alegría.”
Romanos 12:6-8

No se trata sólo de decir, sino de ser consecuente al mismo tiempo lo que se predica.
En este aspecto radica la presencia o ausencia de autoridad de lo dicho.

Muchos tenían un concepto equivocado sobre la persona del apóstol Pablo.

“Porque a la verdad,  dicen,  las cartas son duras y fuertes;  mas la presencia corporal débil,  y la palabra menospreciable.”
2ª Corintios 10:10.

O como dice el mismo texto pero en la Nueva Versión Internacional:

“Sus cartas son duras y fuertes,  pero él en persona no impresiona a nadie,  y como orador es un fracaso.”

Por tanto, si mi don actual es este, ¿deberé cambiar porque otros se inquieten al leer mis reflexiones?

Nadie les obliga a leer textos que les sean molestos, ni nada los detendrá si prefieren hacer oídos sordos. El mismo enemigo de sus almas prefiere mantenerlos entretenidos con otras distracciones más mundanas (con apariencia espiritual) siempre que no entren en contacto con la verdad. Es muy probable que sea el mismo demonio quien intente empujarles a “ministerios”, falsas “cargas” por obras muertas, generosidad con lo que sobra, misericordia del espejo y demás fetiches de tan buen nombre que abundan en nuestros días.

Por eso insistiré con el tema que me preocupa tanto en la iglesia actual. La enseñanza del diezmo como obligatorio para el cristiano.

El diezmo no es aplicable a la iglesia en la actualidad, aunque sí las ofrendas. Y esto no significa que un ministro debe salir corriendo a buscar trabajo, sino que puede utilizar parte del dinero de las ofrendas, sin necesidad alguna de recurrir a un medio extorsivo como la doctrina del diezmo, pero evitando ser quien tome las decisiones con respecto al dinero de la iglesia.

O sea que los ministros pueden sostenerse gracias a la generosidad de su congregación. Eso es un hecho con base en las escrituras y no lo estoy negando. Pero de allí a que se enseñe sobre el diezmo, generando un ingreso que supera lo que el ministro está necesitando para su sostén y el de su familia cuando la biblia no dice tal cosa en el nuevo testamento, es un grave error.

Muchas veces se produce un malgasto visible (en algunos casos hasta condenable por su injustificación). Esto es lo que señalo.

Sobre la evangelización… pues, ¿han visto a Cristo lucir un excelente carro tirado por caballos mientras reunía con promesas de fiestas y entretenimientos a las personas para luego de finalizada la reunión ponerse a hablar del evangelio?

¿Han leído algo de eso? Seguro que no, ¿verdad?

En lo personal (por mi trabajo) me toca caminar las calles e ingreso en hogares que desconozco, hablo de Cristo a quienes están listos para escuchar de Él. En ocasiones utilizo alegorías sobre las verdades eternas. No discrimino sobre el estado social de las personas a las cuales debo llevar el mensaje. Me da lo mismo hablarles a los que posean dos automóviles Mercedes Benz en su lujosa casa rodeada de seguridad, como cuando me piden que espere en un punto determinado a quien vendrá a buscarme en motocicleta para llevarme hacia su hogar ubicado en una “zona roja” (así se llama en mi país a los sectores peligrosos) en donde si no se entra con una cara conocida es posible salir completamente desnudo… cuando se logra salir con vida! No es que tenga temor de entrar allí, sino que muchas veces no poseo el domicilio, sino sólo el teléfono de un cliente y cuando me comunico no me informan la dirección sino sólo un punto de encuentro.

Para los mal pensados, mi trabajo consiste en instalar modems de una conocida empresa en Argentina.

Creo que Jesús se parecería más a un trabajo de este tipo, que al distinguido, mediático, radiofónico, bailable, de etiqueta y extralujoso formato que se pretende en muchos casos.

El evangelio está allí para ser predicado en todas sus formas. A ignorantes, a sabios, a incrédulos y también a creyentes para ser corregidos de sus errores.

Sobre esto, es lamentable que se le dedique mayor énfasis a las familias de personas acaudaladas que a los humildes. Se afirma lo contrario de palabra, pero los hechos muestran una discriminación en favor de los ingresos que apesta.

Que el Señor bendiga a los limpios de corazón, pues ellos le verán.

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