Las enseñanzas obsoletas (pero aún predicadas)


Hola hermanos…

He recibido este mensaje… (Respondo al mismo luego…)

¿DEBEMOS GUARDAR EL DÍA SÁBADO? – ABRIL – DIA 14

“Pero Jesús les respondía: -Mi Padre aun hoy está trabajando, y yo también trabajo. Así que los judíos redoblaban sus esfuerzos para matarlo, pues no sólo quebrantaba el sábado sino que incluso llamaba a Dios su propio Padre, con lo que él mismo se hacía igual a Dios” (Juan 5:17-18)

Pastor, ¿Por qué hay grupos religiosos que niegan a Jesús como Dios y otros son legalistas del sábado? Porque ignoran las Escrituras, y ponen la ley por encima del ser humano. Jesucristo sanó en sábado, porque él es el Señor de todo, quien puso al hombre primero y después la ley.

Un hombre enfermo que estaba inválido durante treinta y ocho años, esperaba que alguien lo meta al estanque para su sanidad; pero se encontró con el Señor Jesús, quien inmediatamente le dice “recoge tu camilla y anda” y fue sanado en Sábado, los judíos lo querían matar al Señor, porque se hacía pasar como Dios y sanaba en día de reposo.

Jesucristo como ser humano se sometió al Padre, pero el mismo lo dijo: “El que se niega a honrar al Hijo no honra al Padre que lo envío”. Además, El que oye a Jesús y lo obedece “tiene vida eterna y no será juzgado, pues ha pasado de muerte a vida”.

Jesucristo es Dios, Él recibió toda Gloria y Honra, Él perdonó pecados y lo sabía todo. El Señor fue sensible a la necesidad humana, y sanó al inválido y toda dolencia, en sábado, porque él es Señor de este día.

El creyente guarda el Domingo, porque ese día el Señor resucitó, y en ese día se congregaba la Iglesia, y se apareció a la gente. Sirvamos al ser necesitado; consolemos y seamos útiles a la comunidad siempre.

En cualquier día podemos adorar y servir al Señor, pero debemos dar tiempo para tener comunión con Dios y crecer. Ore para edificar su vida.

ORACIÓN:

Señor todos los días son tuyos, te consagro mi vida para adorarte y servirte, líbrame de ser legalista, para ayudar al necesitado de ti, cualquier día de la semana.

Como siempre me deja pensando…

No guardo el Sábado, porque no soy legalista. Pero tampoco doy el diezmo, por exactamente el mismo motivo que alegan contra el Sábado…

Por años dí el diezmo fielmente, pero ¿qué encontré? La dilapidación del dinero en tonterías… cuando Dios me hace responsable a mí personalmente por la administración de mi dinero.

Cuando me encuentre ante el Señor, me preguntará qué hice con mi dinero…

¿Qué le responderé? ¿Acaso podré decirle que puse mi dinero en manos de organizaciones cristianas evangélicas de gran renombre mundial (y a las cuales casi todos los cristianos aplaudían en aquellos días) cuyo mover del Espíritu Santo parecía tan evidente, pero que administraban de modo oscuro las finanzas y gastaban en reuniones, cenas y ágapes en lujosos hoteles; en equipos de sonido, estructuras gigantes de pantallas y tecnología….

Lo siento, pero… no voy a ser de esos.

Seré de los que digan, Señor, dí de comer al hambriento, abrigué al que tuvo frío y di techo al que no tenía dónde pasar la noche.

¿Estaré pecando hermanos?

¿O será que la visión de la iglesia de hoy (como institución) está bastante contaminada con las cosas de este mundo como para realmente “ver” lo que sucede en el área espiritual?

Dios no necesita un micrófono inalámbrico. Él habla desde el mar hacia la costa sin ningún instrumento accesorio. ¿Y saben qué sucede? Quienes desean escucharlo no dejan de abrir sus bocas de asombro ante lo que oyen…

Él no necesita la tecnología como cosa “sin equa non” para la divulgación del evangelio.

¡Es más! Creo firmemente que más de un ministerio “super” se hará añicos cuando el Señor venga, porque no está plantado sobre la Roca, sino sobre especulaciones, promesas falsas, y HORRORES doctrinales.

Sin ir más lejos… Los grandes estudiosos que han realizado una estupenda traducción de los originales en hebreo, griego y arameo a la cual han dado por nombre: “Biblia de Estudio Pentecostal” de las sociedades bíblicas unidas, concluyen que: “No es obligatorio para los cristianos del nuevo testamento el dar el diezmo”.
Pero inmediatamente citan una terrible sentencia que muestra sus ataduras, mentales y de conciencia, formadas por la misma escuela en que se han formado muchos ministros de hoy: “Pero si los fariseos eran tan severos en su modo de manejarse, no podremos ser menos ya que Jesús dijo: ‘Porque os digo que si vuestra justicia no fuere mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos’ (Mateo 5:20.”

Pero… cabe preguntarse a qué justicia se refería… ¿Al cumplimiento de los mandamientos? ¿O a la actitud de juicio de la que hacían uso los fariseos al atar a las personas a la ley en lugar de vivir conforme al espíritu de la misma?

El Sábado, no era quebrantado por el Señor. De ningún modo. (Ni aún resucitó ese día, sino que lo hizo posteriormente).

Del mismo modo, no podemos decir que el día del Señor sea el Domingo, ¿por qué? ¿Por costumbre? ¿Y qué del hombre o la mujer que por distintos motivos debe trabajar un día domingo? Pongamos, por ejemplo, el caso de los cuidadores nocturnos (serenos se dice en Argentina), o el caso de las enfermeras que deben realizar una guardia ese día…

¿Deben sentirse culpables por no poder estar asistiendo a una reunión por el solo hecho de ser Domingo?

¿Reprochamos a los miembros que no asisten a un Domingo de modo más especial que si no asisten a otro día de reunión?

¿Qué es lo que está ocurriendo con los líderes de la iglesia de hoy?

Y antes de terminar sólo quiero decir lo siguiente:

Hubo un diálogo muy interesante entre Jesús y el joven rico que quiero dejarles: (con comentarios para pensar entre texto y texto)

Mateo 19:16-17
“Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna?
El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos.”

Pregunto: ¿Era Jesús un legalista? ¿Habrán notado que existe un cuarto mandamiento? ¿Notaron que las nuevas traducciones de la biblia como la Nueva Versión Internacional y la Biblia en Lenguaje Actual, (ambas de las Sociedades Bíblicas Unidas) traducen como “sábado” el día de reposo? (Ya en la Reina Valera de 1960 se hacía referencia, cada vez que aparecía “día de reposo” en el nuevo testamento, a que equivalía a Sábado…

Mateo 19:20-24
“El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta?
Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme.
Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones.
Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos.
Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios. ”

¿A qué congregación o institución le dijo Jesús al joven rico que debía dar el dinero de la venta de sus bienes?
Respondo antes de que a alguien se le ocurra una herejía: A LOS POBRES.

¿Saben qué pienso? El joven rico quería “figurar”, “hacerse ver” ante los otros discípulos. No toleraba que unos simples pescadores y recaudadores de impuestos, compitiesen con él ante un maestro tan popularmente comentado como Jesús.
En aquel entonces era la figura más mencionada, no existía televisión. Por lo tanto, una buena estrategia de márketing hubiera sido: He dado a Jesús algunos de mis bienes !!! Por lo tanto, tengo acceso a la vida eterna !

Pero no era ese el camino.

Por otra parte, el joven rico, seguramente había tenido una exclusiva enseñanza y gustaba de “codearse” con quienes poseían cierta popularidad.
“Será fácil llegar a Jesús y cautivarlo con mis bienes”, habrá creído.

Jesús le dejó sin habla.

¿Darle MI dinero a los pobres? ¿Por qué?

Mi opinión personal es la siguiente: Hoy, este joven rico, encontraría una excelente fuente para sus ideas. En cualquier ministerio podría ser recibido con brazos abiertos que le dijeran de qué modo poder “invertir” en la obra de Dios y, claro, recibiría a cambio grandes y pomposas bendiciones de lo alto por su generosidad.

Sepan disculparme, pero me han venido ganas de vomitar…

Raimundo
http://www.proferay.com.ar

PD: No tengo nada en contra de ningún ministro o hermano en particular.
Sólo estoy en contra de aquellas afirmaciones que se hacen relacionadas a cosas que están arraigadas a corazones esclavos de enseñanzas viejas, obsoletas y que continúan esclavizando al pueblo de Dios con mentiras y engaños.
Estoy en contra de todo lo que ridiculiza al evangelio tras la imagen de algo válido, pero que resulta engañoso.
Estoy en contra de todo aquello que está en contra de Dios.

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La hija de Jairo


-¡Debe haber tomado frío!- le dijo Jairo a su esposa, luego de escuchar las muchas veces en que la niña despertó a la familia por la noche por sus ataques de tos.
– Mandaré al médico para que la vea… – comentó antes de cerrar la puerta e ir hacia la sinagoga donde lo esperaba un número reducido de gente para escuchar la lectura de las Escrituras.

Poco era lo que podía hacer para mejorar la situación religiosa. La mayoría prefería oír las enseñanzas de Jesús que, según decían, hacía milagros y señales.

El sólo pensar en estas cosas le producía un gran temor. Si Jesús no era el Mesías esperado, estaba engañando a su gente llevándola a creer en sus fábulas, pero por otro lado, le intrigaba la personalidad de Jesús; un hombre que, por lo que escuchó, conocía muy bien la palabra de Dios ¡y hacía señales!

¡Cuánto tiempo había esperado Israel para volver a ver a alguno que, diciéndose profeta, llamara la atención de la gente y golpeara sus conciencias por medio del verdadero poder de Dios! Los profetas anteriores fueron en muchos casos despreciados. Sus grandes prodigios y milagros eran sólo hermosas historias del pasado, pero ¡nada más que eso!

Una mano sobre su hombro lo sacó de pronto de sus cavilaciones. -¡Era hora! ¿Qué te retrasó?- Él seguía sin poder ordenar sus ideas… -¿Qué pasa?, ¿Estás bien? ¡Mirá que hoy te toca disertar sobre los Salmos!-.
– Sí, sí… ya sé- alcanzó a responder, todavía turbado por los pensamientos que llovían a su mente.
Al mismo tiempo se acercó a él un tercero que mientras corría a su encuentro le iba diciendo en fuerte voz:
– ¡Jairo!, ¡Jairo!, ¡Tu hija no se siente muy bien, parece que está empeorando, me pidieron que te avise que vuelvas urgente a tu casa!-
Jairo miró al sacerdote como pidiendo permiso para volver a su hogar. Éste, conociendo a Jairo, quien nunca había faltado a sus responsabilidades, asintió, haciéndose cargo de sus tareas.

Jairo parecía atravesar un extraño éxtasis. En su alrededor todo era extraño. Parecía que todos le estaban dando un pésame en forma anticipada por alguna fatalidad. Él mismo creía que se avecinaba lo peor. Pero justamente, para averiguar el por qué de esta extraña paz que experimentaba en medio de la turbulencia que se formaba en derredor, es que seguía adelante.

Algo le decía que estaba por presenciar un acontecimiento que le marcaría un nuevo rumbo a su vida, algo así como un milagro… muy pronto.

Todo esto lo aturdía, puesto que a diario discutían en las altas jerarquías religiosas las remotas posibilidades de que los milagros fueran para su actualidad.
Los profetas eran historia y Dios era representado en la tierra por una serie de ritos y tradiciones de muchos años. Dios, (según ellos), se había «terminado de acomodar» a una forma determinada, y no había razón para molestarlo con nuevas ideas.

A pesar de sus planteos razonablemente lógicos, no encontraba respuesta a su complejo cuestionamiento interior. Mucho menos a esa tranquilidad en medio de tantos aspectos negativos que, evidentemente, se habían propuesto sacudir su día apenas comenzaba.

Llegó a su casa justo cuando el médico se estaba retirando.
– ¿Qué es lo que tiene? – preguntó Jairo ingenuo.
La gravedad del gesto de su conocido amigo y médico del pueblo fue como un golpe directo a su corazón, pero lo que lo petrificó fueron las palabras que le alcanzó a decir en una murmuración de bajo tono, casi imperceptible:
– Está fuera de mi alcance, sólo un milagro la puede sostener con vida… Es cuestión de horas -.
Jairo olvidó estrecharle la mano, salió corriendo hacia su casa y encontró a su esposa y a varios vecinos y criados que la acompañaban. La tos de su hija no mejoraba, su color era blanco y su piel comenzaba a tomar una apariencia cadavérica. Era claro que hablar de horas era algo exagerado, era más bien una cuestión de minutos.

Mientras veía a su hija perder todo signo de vigor, resonó un nombre en su mente. Trató de no prestarle atención, pero era imposible, comenzó a retumbar en cada milímetro de su cabeza y cada vez aumentaba de intensidad: “Jesús, Jesús, ¡Jesús!”.

Mientras pedía a Dios que perdone su arrojo y lo ayudara en su ignorancia de las cosas espirituales, que creía estar seguro de saber, sus pies comenzaron a correr en dirección al mar.

Al acercarse alcanzó a ver a Jesús que regresaba del otro lado del mar en una barca. De inmediato lo rodeó una multitud y él se acercó hasta tenerlo frente a frente. Sus rodillas se debilitaron, su apariencia de hombre docto quedó atrás. De pronto era un hombre, tan sólo eso, un hombre tan, o más, necesitado de Jesús como cualquier otro. A sus pies, le rogaba que fuera a su casa para que sus manos tocaran a su hija agonizante y así viviera.
Jesús lo miró y accedió a ir con él.

Era tanta la gente que los aplastaban a ambos.
-¡Por acá, Jesús! Éste es el camino más corto, así legaremos a tiempo.-
De pronto Jesús se detiene…
Jairo lo observa inquieto.
Jesús gira mirando a su alrededor, como buscando a una persona, y dice algo. Jairo no alcanza a escuchar de qué se trata. Sus discípulos le responden algo. Parece ser algo importante. Luego ve a una mujer llorando y temblando a sus pies, hablando con Jesús.
En ese mismo instante, uno de la casa de Jairo se le acerca y le dice: – Es inútil, ya murió, ¿para qué insistir que Jesús vaya?-.
Jairo levantando toneladas de plomo con sus ojos, producto de la desesperanza, buscó los ojos de Jesús, quien a su vez le clavó la mirada, después de haber escuchado las tajantes palabras de aquel mensajero.

En ese momento, parecía más que nunca una locura, pero esa mirada de Jesús despertaba confianza en Jairo. Locura y confianza que crecieron un poco más al escuchar de los labios de aquel “profeta moderno”: – No temas. Cree solamente.-

Jesús, junto con Jairo, Pedro, Jacobo y Juan, comenzó a caminar hacia donde estaba la niña sin vida, sin permitir a la multitud que le siguiese.

Al llegar a la casa, el cuadro era humanamente desgarrador.

Llantos, gemidos y mucha confusión. Jesús dijo: -¿Por qué lloran y arman tanto alboroto, si la niña sólo duerme?-.

Entonces muchos se burlaban de él.

Jairo, sólo miraba a su hija recostada, sin color, sin movimiento alguno, ¡sin vida! Él sólo quería verla bien. Ya no sabía si ponerse del lado de Jesús o del lado de los que se burlaban de él. Quizá todo esto no fue sino una gran burla de todos para con su confianza.

Por primera vez en su vida creyó haber hecho el ridículo. Estos pensamientos comenzaron a inundar su mente como esa misma mañana en el templo, con la diferencia que ésta vez, en lugar de paz, parecía inundarle un sentimiento de frustración, temor y desolación.

Unos gritos que oyó de labios de Jesús alcanzaron para sacarlo de sus pensamientos y traerlo a la realidad, y también sirvieron para echar fuera a todos los que perturbaban con su alboroto aquel momento.

Jesús tomó la mano de Jairo y de su esposa, y junto con sus discípulos entraron en la habitación de l a niña.
Se acercó al cuerpo y tomó la mano de la pequeña.

Jairo no podía comprender la mirada con la que Jesús miraba a su hija. Él siendo el padre no podría haber tenido tal profundidad y seguridad al ver ese cuerpo inerte. Rompiendo el silencio, Jesús dijo: – Niña, a ti te digo, ¡levántate! -.

Jairo no podía contener su asombro y estupor mientras veía cómo su hija se “llenaba” de color. Parecía un vaso de algún tipo recibiendo un líquido rosado. Sus mejillas enrojecieron y de pronto sus ojos comenzaron a parpadear. Jairo y su esposa se abrazaron atemorizados. Se encontraban ante un hombre, con un poder mayor al de la muerte.

Jesús los calmó, y les dijo que le dieran de comer.

A partir de ese día, una familia religiosa dejó de perseguir las tradiciones humanas y comenzó a creer en las cosas que Dios podía hacer en el pasado, en el presente y en el futuro.

Ya no creerían en los límites de Dios, sino en el Dios sin límites.

Zaqueo


«¿Qué ruido podría ser ese? ¿A qué se debía semejante alboroto?», pensó.

Zaqueo no podía concentrarse en las cuentas que hacía para saber todo el dinero que llevaba recaudado en el día. Salió por las puertas de su casa y alcanzó a preguntarle a un muchacho: -¿Qué está pasando?-, y el chico casi sin aliento (pero sin dejar de correr hacia la multitud) le gritó: – ¡¡¡Llegó Jesús!!! -.

Se quedó inmóvil, pero su cabeza estaba repleta de pensamientos y dudas… «¿Pasará tan cerca de casa?, ¿Será cierto eso que dijo, de que sería difícil para un hombre rico entrar en el cielo? Yo soy rico… ¿Qué hago? ¿Me mezclo en la multitud con el resto del pueblo? Pero… soy muy bajo… no lo voy a poder ver… ¡Hay un árbol en el camino que sigue Jesús!, pero… ¡¡¡es una locura!!!, ¿Subirse a un árbol para ver a un profeta? ¿Será correcto?»

Mientras que en el cerebro de Zaqueo, las neuronas se chocaban entre sí, la multitud que rodeaba a Jesús iba creciendo cada vez más.

De pronto, ni lo dice la Biblia, ni creo que Zaqueo se haya enterado, pero sus piernas corrieron como hacía tiempo no lo hacían. Sus brazos abrazaron una rama, y otra, y otra; hasta que dejó de cuestionarse si estaba bien o mal, sólo le interesaba verlo aunque sea para saber por qué hablaba tanto la gente de Él.

Lo veía acercarse con la gente alrededor. Jesús no parecía darse cuenta de que Zaqueo lo estaba mirando escondido en una rama bien alto.

Cuando llegó al árbol, justo debajo de Zaqueo, Jesús se detuvo. Pero… no sólo se quedó quieto, sino que dejó de enseñar. Hasta el ciego que había sanado hacía un rato pudo retener su algarabía y guardó silencio.

Zaqueo se empezó a poner nervioso, y muy colorado.

Jesús levantó la vista y lo miró directo a los ojos, diciéndole como si fueran viejos amigos: – Bajá Zaqueo, ¡apurate!, que hoy es necesario que pase por tu casa-.

Desde que Jesús le habló, hasta que entraron en la casa, Zaqueo no recuerda nada… Sólo sabe que a partir de ese momento, su vida es distinta, ya no le importa su estatura, ¡ni a Dios le importó!, y ahora hace las cuentas mejor que antes, ayudando a la gente necesitada.

El amor de Dios te puede cambiar la vida de golpe, aunque estés como Zaqueo subido a algún árbol…