El error más frecuente


“Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis ignorando las escrituras y el poder de Dios (Mateo 22:29)”

Los mensajes actuales de prosperidad y ofertas generalizadas de las necesidades de la gente, son moneda frecuente en nuestros púlpitos.

Es cierto que el Señor promete beneficios sobre nuestras vidas, pero no lo hace como cosa que deba ser exigida ni “reclamada” en oración.

Las cuestiones materiales y relacionadas a nuestro sustento diario, llegarán a nuestras vidas como consecuencia de hacer lo correcto y justo delante de Dios.

Muchos valoran el estado espiritual de un hermano, líder o pastor, de acuerdo a las “bendiciones” materiales que ha alcanzado.

Por cierta lógica (cuya raíz es más diabólica que santa y que está fuertemente arraigada en las mentes materialistas) se juzga “espiritual” a un hombre por poseer cierto status social y nivel económico,  el cual se relaciona erróneamente con una especie de beneplácito de Dios que ha funcionado como generador de dicho “status” por los servicios prestados a Su obra.

Ese modo de ver el evangelio es una herejía lisa y llana.

De hecho, los que fomentan tales ideas, viven buscando textos bíblicos que amparen su postura, desechando el conjunto del mensaje de Dios.

El Señor nos alerta:

la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee“. (Lucas 12:15)

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia,  y todas estas cosas os serán añadidas“. (Mateo 6:33)

Lo que debemos buscar es en primer lugar el reino de Dios y su justicia. Las cosas que serán añadidas, debemos “desatenderlas”, dado que Dios se encargará de suplirlas cuando sea necesario.

¿Acaso nos dice Jesús que debemos preocuparnos por alguna de las añadiduras? ¿Nos alienta a vociferar en tono de exigencia al Padre para que nos sustente?

NO !!!

Nos enseña a olvidar estas cosas en Sus manos, ya que Él se ocupará de ellas.

Nuestra responsabilidad es otra, a saber: Estar atentos y responder al llamado de Dios a cada momento en el que se requiera nuestra participación en este mundo para dar a conocer el Evangelio a toda criatura.

Para lo demás, Dios nos será suficiente.

Que el Señor te bendiga !!!

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Pensamiento positivo versus Fe


Mucho se ha hablado en las congregaciones cristianas sobre el “pensamiento positivo”.

Se han escrito libros en base a esta idea de verlo todo color de rosa aún cuando hablemos de temas negros. Se ha dicho que una perspectiva negativa o “no positiva” se encontraría encuadrada dentro de la frialdad espiritual o, en el mejor de los casos, se trataría de una ausencia de fe, o de un caso de fe debilitada.

Cuando se arenga desde los púlpitos a poseer una visión positiva de las cosas, ¿a qué se apunta?

¿A pensar que las cosas van a ir mejor, cuando Dios ya dijo que la maldad aumentaría a medida que nos acercamos al fin de los tiempos?

¿A no prestar atención a los deslices de la fe, de ciertos ministerios, hacia objetivos netamente materiales y egoístas?

¿A no juzgar las cosas que el Señor detesta como, por ejemplo, a los pastores que dicen “El Señor me ha dicho” cuando Dios no habló?

Hace unos días leí, en el diario Clarín, una nota sobre la empresa Telecom Francia acerca del suicidio de varios de sus empleados.

Sarah Dumas, quien es coach de servicios de atención telefónica al público de esa empresa, dijo lo siguiente tratando de explicar el problema:

Los gerentes de recursos humanos han enloquecido.
El clima laboral se ha vuelto irrespirable,
no quieren escuchar hablar de stress y sólo de pensamiento positivo.
Por causa de la presión, va a haber más suicidios
“.

Muchas congregaciones actuales, sobre todo las “mega” son excelentes fábricas de autómatas que siguen un patrón establecido de tareas para el “bienestar y crecimiento” de la iglesia.

Muchos de estos seres, viven en un nivel de stress sin precedentes, pero al cual no pueden renunciar porque necesitan “pensar en positivo” en forma constante, no dar señales de que están atravesando stress y dar una “imagen de victoria” cueste lo que cueste. Ya sabemos que muchos cristianos en la actualidad fingen un buen nivel espiritual (u ocultan su calamitoso estado) añadiendo trabajo y actividades a sus vidas, para ser considerados “fieles”.

Prácticamente se ha convertido a algunas de estas congregaciones en empresas bien gerenciadas, con muchos miembros que participan obedientemente de todas las actividades que se les proponen mientras van dejando en el camino al que le cuesta caminar.

En estas congregaciones, no hay lugar para los débiles. No existe espacio para los perdedores. No se admiten pensamientos contrarios o que disientan con la Voz de quien lleva el mando de las mismas (y no es precisamente la voz de Dios, sino la de quien se siente autor del “éxito” aparente que descansa debajo de sus pies).

Encontrar un líder es cosa compleja. ¡Muy compleja! Líder podría llamarse a quien atravesando tal nivel de vanidad, reconoce públicamente que ha equivocado el rumbo. Tonta cosa es pensar que existirá alguien capaz de renunciar a tantas posesiones. El joven rico es un garbanzo al lado de algunos “líderes” actuales.

Si mal no recuerdo las palabras del apóstol Pablo, en Romanos 15:26 decía:

“Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén.”

Las ofrendas que sostenían a Pablo eran “suficientes”. No aceptaba Pablo ninguna abundancia material, sino espiritual. Cuando solicitaba algo a sus ovejas, mayormente era oración en su favor, pero no dinero.

El dinero se reunía y se utilizaba “para los pobres que hay entre los santos”.

Alguno dirá: “Bueno, pero en la época de Pablo no existía la imprenta, hoy existen otros gastos en el ministerio”, y yo digo: ¿Alguien puede creer que el dinero de las ofrendas y los mal “exigidos”  diezmos, van a cubrir gastos del ministerio solamente?

Yo les aseguro que no es así. Ya que el ministerio principal de la iglesia debe ser el ayudar a los hermanos que están sin trabajo. A los pobres. A los enfermos. A los débiles en la fe, para que no claudiquen.

Pero… ¿En qué se gasta entonces el dinero que debiera servir para sostener a los más pobres de nuestros hermanos?

En luces láser, en efectos de humo, en mejores micrófonos, equipos de audio, teléfonos celulares de última generación, también en automóviles que no podrían haber adquirido de otro modo, sino gracias a la lana que de las ovejas se han provisto, o sea… en vanidades. Aún podríamos poner en esta lista la cantidad de dinero invertido en la publicación de libros llenos de palabras huecas, adornadas con versículos para dar sensación de veracidad a genuinas herejías doctrinales.

¿Exagero? Leamos Ezequiel 34:2-5 :

“Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños?

Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas.

No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia.

Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado.

Lamento no poseer el tiempo suficiente para meditar a fondo estas cuestiones y plasmar aquí un desarrollo más profundo de lo planteado.

Mis tiempos son cortos actualmente, con mucha tarea laboral secular para sostener a mi familia en un grado que raya la indigencia, con problemas de salud, problemas de dinero, problemas alimentarios…

¿Suena a queja? No se equivoque hermano. Nunca fui más feliz en el Señor que ahora. Mis tiempos serán escasos, pero mi corazón está agradecido a Dios por este período que sabrá acortar cuando así lo desee.

A estas alturas, cualquiera en la “mega” me habrá tildado de “falto de fe”, “hipócrita”, “traidor”, “frío espiritual”, “carnal”…

Gracias a Dios, mi comunión con Él en la actualidad no conoce límites y es precisamente atravesando este breve desierto que he conocido el secreto de Sus revelaciones.

Existe un oasis espiritual para cada uno de Sus hijos.  En Juan 6:45, Jesús dice: “Escrito está en los profetas: Y serán todos enseñados por Dios.”

Podemos tener comunión con el Señor y ser enseñados por Él. ¿Imposible? No me gusta esa palabra y menos viniendo de Dios. Jesús mismo lo dijo, no lo he inventado yo.

Siento un gozo inmenso cuando descubro cada día un nuevo significado para los versículos que antes leía en forma “pre-masticada” por otra persona que a su vez había aprendido lo que estaba enseñando gracias a otra persona (y así sucesivamente).

Hoy Dios manifiesta Su revelación día a día y no temo a nada. Lo que vivo lo vivo en la confianza de saber que Él está en forma permanente a mi lado.

Me he encontrado con cientos de hermanos heridos, que por no estar congregándose sienten que ya no son cristianos.

Les aclaro que no es así y les devuelvo las ganas de leer la biblia, de aprender que otros se han equivocado al inculcarles la culpa por cuestiones meramente tradicionales, y me voy feliz cuando veo nuevamente brillar esos ojos con la luz del Señor.

Muchos, al darme a conocer como cristiano, desconfiaban de mis intenciones. Luego, al notar que no les pido su dinero (ni lo deseo), no les pongo pautas o reglas (jamás ha servido de nada), les invito a regresar a la lectura de la biblia y a conocer al Dios que les enseñará lo que necesitan saber. Nada más.

Hacer la obra de Dios no es tan difícil y produce mucho fruto. ¿Que no lo ves en mi vida? Lo siento. Que no lo veas, no significa nada para mí. ¡Él sí lo ve!

Que el Señor te siga bendiciendo !!!

Con Dios está todo OK


Muchas veces hemos oído que Dios perdona nuestros pecados.

Si bien es cierta esta afirmación, nuestro deber es evitarlos, no para alcanzar algún tipo de justificación si le “ganamos al pecado” sino por amor a Aquel que sufrió por nuestras rebeliones.

El camino es angosto. No sólo la puerta es estrecha, sino TODO el trayecto hacia la eternidad es algo delgado, apretado y dificultoso. No es un sendero imposible de transitar, pero tampoco es una vía cómoda y placentera en todos sus tramos.

Dios no es un abuelito que cuando desobedecemos nos guiña el ojo y nos sonríe como quien no ha visto nada. Precisamente el costo de nuestras rebeliones constantes sólo dificulta nuestra relación con Él. Si bien es el Señor quien da el crecimiento, cuidar la tierra en donde crecerá la semilla es parte de nuestra responsabilidad.

A Dios no le importan nuestros sentimientos, sino nuestra fe en la obra redentora de Jesús en la cruz.

No hablo de “sentir” la presencia de Dios, que es algo totalmente marketinero y muy de moda en el mundillo evangélico. Me refiero a que a Dios no le importa si hemos sentido Su presencia, sino si hemos creído que estaba presente en cada momento de nuestras vidas, fueran como fueran dichos momentos.

Job fue un “bicho raro” que estaba dispuesto a esperar en Dios aún si Él hubiera decidido matarlo. (Así lo dijo Job mismo: “Aunque Él me matare, en Él esperaré”).

Como seres humanos complejos que somos, tenemos por un lado posturas muy cambiantes. De pronto queremos perdonar a todo el mundo, y en ocasiones deseamos quitar de en medio a nuestros “enemigos” olvidando que nuestra lucha no es contra carne y sangre.

Recibimos un perdón que supera infinitamente nuestra capacidad de alcanzarlo con nuestros propios medios (hubiera sido imposible), pero ni bien damos vuelta la esquina, somos como el siervo ingrato que no perdonó una pequeña deuda cuando su rey perdonó la gran deuda que éste tenía con el rey.

En ocasiones decimos: ¿Por qué Señor tengo que pasar por esto? (Sí… ya sé, la prédica del “pregunta para qué, y no por qué” nos dura una semana, pero cuando la prueba se prolonga volvemos a la carga: “¡¡¿POR QUE, SEÑOR TENGO YOOOOO QUE PASAR POR ESTO?!!”).

Y si pudiéramos oir al Señor, quizá nos dijera: “¿Y por qué no? ¿Quién sos vos más que cualquiera de tus hermanos o de mis criaturas? ¿Acaso no sos un desobediente que tengo que corregir y llamar la atención vez tras vez?”.

Pero en su lugar, sólo escuchamos el silencio. Cosa que nos pone más preguntones y quejosos.

Finalmente, comprendemos la utilidad de cada desierto. Comprendemos que al lado de Jesús siempre fuimos un poroto (y encima débil) y que no estamos a la altura de nuestro generoso: “aunque me sea necesario morir contigo, no te negaré”, porque ni bien pronunciamos las palabras mágicas, “canta el gallo tres veces” y nos saca de nuestra vanidad y soberbia.

Todas las cosas que vivimos son necesarias. De todas podemos aprender algo.

¡ Que el Señor te bendiga !

Dios y los ídolos.


En la actualidad, siguen existiendo ídolos.

Están bastante escondidos, pero hacen tropezar al pueblo de Dios vez tras vez.

En la época de los reyes del antiguo testamento, leemos acerca de muchos reyes que desobedecían a Dios: blasfemos, idólatras, amantes del pecado y aborrecedores de cualquier tipo de corrección.

Sin embargo hubo algunos que hicieron lo recto delante de Dios, “aunque” no del todo. Está escrito que a Dios le molestaba que quienes buscaban hacer lo que Él quería, no lo hacían en su totalidad. Por eso leemos de reyes que si bien hacían lo que Dios quería, no terminaban de destruir los ídolos o sus templos, permitiendo de ese modo que parte del pueblo continuara en la idolatría.

El pasaje de 2ª Crónicas 26:4, nos habla del rey Uzías (de sólo 16 años) quien reinó 52 años en Jerusalén, y comienza diciendo:

E hizo lo recto ante los ojos de Jehová, conforme a todas las cosas que había hecho Amasías su padre“.

Desde el versículo 4 y hasta el 15 sólo se mencionan bondades de su reinado. Pero en el versículo 16 leemos:

Mas cuando ya era fuerte, su corazón se enalteció para su ruina

Es notable que esto suceda en hombres que han amado a Dios y han buscado hacer lo recto. Y de hecho han hecho grandes obras para Dios en su peregrinar, pero finalmente se llenan de altivez y caen.

El apóstol Pablo decía (metafóricamente) que “golpeaba” su cuerpo para ponerlo en servidumbre. Y aclaraba que lo hacía, teniendo el temor de ser útil a muchos para acercarlos al reino de Dios pero con la posibilidad de perder él mismo ese acceso si no corría del modo correcto la carrera.

Decía al comenzar que existen aún ídolos. ¿Los has visto? ¡Sólo observa a tu alrededor! Son ídolos que te llaman a participar de su atractivo. Suelen ser económicos, casi necesarios, y vienen en diferentes formas, colores, tamaños y modelos.

Aquel auto que no tenemos…

Aquella casa (por la cual hasta quizá oramos)…

Vemos aquellas cosas que nos gustan y que creemos haber llegado a desear con todo nuestro corazón. Se las pedimos a Dios sin estar del todo seguros si beneficiarán nuestra vida espiritual, pero creyendo que mejorarán nuestra relación con Él o bien, que serán de gran ayuda para la “obra de Dios”. Y con frases, o pensamientos similares, vamos acumulando mayor ansiedad por las cosas de este mundo y ataduras que nos ligan a este reino material.

Hay cosas que sí nos son necesarias. Pero no todas.

¿Quieres una lista? ¡Hazla tú mismo! Y contempla con horror el egoísmo que ella encierra. Sobre todo cuando veas que otros en el mundo, que son semejantes a tí, mueren de hambre mientras tú arrojas las sobras de tu comida a la basura.

No pretendo hacerte sentir culpable. Sólo intento que por una vez medites en el rumbo que ha tomado la iglesia en este último tiempo.

Mientras muchos se esfuerzan por dar sus diezmos (y aún ofrendas) con el objeto de edificar mayores, y más cómodos, edificios para albergar más fieles para gozar de sus “fiestas” en el espíritu, otros cuentan los centavos para comer lo que ya no les alimenta, sino que apenas los mantiene sobreviviendo.

¿Será este el llamado de Dios a la iglesia?

¿Gozará de nuestros cánticos, de nuestras larguísimas reuniones de autocomplacencia, de nuestra satisfacción personal por el éxito de asistencia a la reunión? ¿Bendecirá Dios nuestro orgullo por el “poder de convocatoria” que hemos producido… “para Él”?

Muchos de los ídolos que comentaba al principio de este escrito, tienen relación estrecha con estos nuevos “ídolos” de nuestra actualidad.

Leamos la historia de otro rey llamado Josafat (1ª Reyes 22:43):

Y anduvo en todo el camino de Asa su padre, sin desviarse de él, haciendo lo recto ante los ojos de Jehová. Con todo eso, los lugares altos no fueron quitados; porque el pueblo sacrificaba aún, y quemaba incienso en ellos.

Esos lugares altos, eran los sitios donde el pueblo de Israel adoraba a otros dioses. Éstos no fueron quitados, y el pueblo seguía torciéndose. Se podrá decir que el pueblo de todos modos buscaría el modo de canalizar su idolatría, pero como líderes del pueblo de Dios, muchos reyes cometieron esta negligencia: hicieron “la vista gorda”.

Hoy hay muchas cosas a las cuales se les hace “la vista gorda”. Se exige el diezmo, pero no siempre se cumple con lo que Jesús mandó: “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”.

Muchas congregaciones evaden impuestos. (Aunque enseñan que es necesario hacerlo).

Otras (muchas) no dan el diezmo a sus instituciones superiores, cuando sí lo exigen de sus ovejas. (Aunque el diezmo no es algo que rija para los cristianos en la era neotestamentaria, es evidente que constituye un excelente método de sostén para los diversos ministerios, además de otros “gastos extra” que deberán mantenerse en la más absoluta de las reservas… ¿no suena extremadamente oscuro, por no decir diabólico, que se evite en las finanzas de una iglesia la transparencia absoluta y total?)

Se nos ha ido “torciendo” el evangelio hasta lo que conocemos y vemos en la actualidad.

Cualquier similitud entre el servilismo hacia un líder evangélico con la autoridad papal de la época de Lutero es mera coincidencia…

Se habla mucho de avivamiento, pero en lo íntimo se “teme” que un genuino brote del mismo rompa con toda hipocresía con que se ha vestido la “novia”.

Sería bochornoso para la misma, verse desnuda y comprobar que Dios se ha provisto de una menos vistosa, que no proviene precisamente de sus filas y que ha decidido formarla con enfermos, borrachos, prostitutas, adictos, ladrones y homosexuales, aceptándolos en Su reino casi del mismo modo que ocurrió con el ladrón que tuvo Jesús a su lado en la cruz. Éste, no tuvo tiempo de asisitir a células, grupos de crecimiento, ni de visitar enfermos, ni de dar sus ofrendas, ni de cantar canciones, ni de (siquiera) leer la biblia, o dar a otro algo de lo que recibió… Sólo reconoció el señorío de Cristo.

¿No suena fácil el evangelio?

Que el Señor te bendiga !

😉

Obamanía


Es un hecho. Ya está Barak Obama sentado en su sillón presidencial y ha tomado algunas decisiones tal como había prometido en su campaña (desarticuló la base de Guantánamo como centro de reclusión y de “tortura legal”).

Le era necesario dar una señal inequívoca de autoridad inicial y es lógico que hará lo posible por remontar una difícil situación en su país.

El resto del mundo, mira con asombro y espectación la novedad. Quizá se deba a que los noticieros, y aún los programas televisivos de otros rubros, se encargan de saturar con este mensaje de esperanza y frescura novedosa (en materia política) que sugiere este acontecimiento.

¿Es el presidente del mundo? Porque tal pareciera que todos esperan de él grandes milagros y maravillas.

No dudo que pueda ser un hombre sincero. No pongo en duda su honestidad y su capacidad de liderazgo, pero… ¿hay que esperar algo de este hombre?

Como cristianos, no debiéramos dejarnos llevar por “cualquier viento de doctrina”. Tenemos mucho trabajo que hacer en casa como para estar preocupados por lo que otros puedan hacer por nosotros.

Por lo tanto, ¿es posible que un hombre que llega al poder de su país en crisis, que tome las riendas de su país y se le tire en las espaldas el resto del mundo para que solucione todos los problemas? Es lógico que pensar esto es ridículo. Sin embargo, los ojos del mundo político han puesto su énfasis en descansar sobre la nube de humo que promete este nuevo profeta a la fuerza.

¿Por qué profeta a la fuerza? Porque muchos esperan que haga algo a su favor. Aún cuando ni siquiera es su presidente. Aún cuando es un simple hombre con sus debilidades y tentaciones como cualquier otro… (podríamos citar por ejemplo a Clinton y su affaire).

Meditando en todas estas cosas, escuchando las noticias y, sobre todo, notando el énfasis en los temas tal como se planteaban, vino a mi corazón una sensación desagradable. Apareció de pronto, como si se tratase de un sentimiento de angustia por la gente en todo el mundo. Descubrí (una vez más) que la gente estaba desamparada y dispersa como oveja que no tiene pastor…

Jesús en cierto momento sintió compasión por las multitudes cuando las vio de ese modo. Aturdidas y sin mucha idea del destino que les esperaba, sin una guía cierta que les encamine hacia un rumbo dichoso y seguro.

Y fue en ese momento, en que Jesús dijo:

“Entonces dijo a sus discípulos:  A la verdad la mies es mucha,  mas los obreros pocos. Rogad,  pues,  al Señor de la mies,  que envíe obreros a su mies.”
Mateo 9:37-38

La separación de versículos y capítulos, que ha restado tantas veces a una correcta interpretación de los escritos, ha detenido la acción del Señor en ese “capítulo”, pero en realidad la historia continúa con lo que transcribo a continuación:

“Entonces llamando a sus doce discípulos,  les dio autoridad sobre los espíritus inmundos,  para que los echasen fuera,  y para sanar toda enfermedad y toda dolencia.”
Mateo 10:1

Luego de esa compasión que Jesús sintió por las multitudes, envió a sus discípulos para calmar sus ansiedades, quitar sus cargas, liberar sus almas y sanar sus heridas.

Quiera Dios que en estos tiempos de tanto apremio, tanto dolor, tanta incomprensión, tanta teología por dos pesos (con un peso más se lleva el señalador con el logo de la tinaja de aceite),  nos permita servir y ser luz en aquellas áreas en las que es necesario alumbrar sobre las vidas angustiadas para llevar el mensaje de Cristo que recupera las vidas de las más hondas profundidades.

Dios quiere… De hecho Jesús murió para hacer posible nuestra redención.
La pregunta es… ¿nosotros querremos bendecir a las multitudes?

Hay trabajo que hacer. Hay sed. Hay hambre. Hay enfermedad. Hay pecado. De todas estas cosas HAY (y mucho). Jesús nos pide que anunciemos Sus buenas noticias. Negarlo o esconder el candelero es rechazar la cruz de Cristo. Necesitamos abrir la boca, Él la llenará, pero es necesario ejercitarnos en esto, de lo contrario estaremos perdiendo el tiempo.

Que el Señor les bendiga !

Operación "Plomo Fundido" – Israel ataca a Palestinos en Gaza – Medio Oriente en el ojo de las noticias


Cuántos titulares; cuántas páginas, sitios y periodistas; cuántos políticos y sus reuniones de comisión; cuánto armamento; cuántas vidas…

A estas alturas, muchos cristianos ya han llegado a sus propias conclusiones como por ejemplo:

“Israel es el Pueblo Elegido, por lo tanto tendrá sus razones para hacer lo que hace”.

“Los Palestinos habrán tenido mucho que ver, siempre se la agarran con Israel que sólo defiende lo suyo”.

“Estos islámicos!”

“Bien por Israel! Toma la iniciativa contra el terrorismo!”

Existirán otros (menos frecuentes y por lo tanto más coherentes) que evitan el discurso para las masas y saben separar los tantos. Porque es necesario tomar distancia de las situaciones y saber diferenciarlas.

Israel es el pueblo elegido por Dios, pero… ¿sus políticos actuales están haciendo la voluntad de Dios? ¿De pronto todos los palestinos son demonios asesinables? (De hecho ningún ser humano lo debiera ser, aún poseído de todo el infierno).

No pienso entrar en política, porque la considero perdida en su totalidad. No existe en este mundo corriente política alguna que pueda lograr absolutamente nada sin pasar por algún grado de corrupción previa. Por lo tanto, amigos de la CIA, no cuenten conmigo. Estaré viviendo a mi manera hasta morir, creyendo lo que creo, pero en sus sucios negocios no entraré…

Lo que sí haré, será orar por el pueblo de Israel, por el pueblo de Palestina y también (¿qué lo impide?) por todos los servicios de inteligencia en el mundo, para ver si logro espantar algún demonio en ese entorno y alcanzar alguna de sus almas (siempre tan cerca del abismo) para que encausen sus vidas hacia caminos más prósperos (no de dinero, amigos, sino de espíritu).

El error consiste en ponerse de un lado o del otro de la guerra. Si me preguntan de qué lado estoy, pues… del lado de la gente que no toma las desiciones pero recibe constantemente las balas, las bombas, el “plomo fundido”, y las escorias de este gran negociado que es el tráfico de armas.

Es lógico que en algún momento hay que usar las armas, por motivos que ellos (sus poseedores) consideran lógico. Algunos de estos motivos podría ser el siguiente:

  • “se vencen y algún uso hay que darles para justificar su compra en el pasado”.
  • “quedan obsoletas por las nuevas tecnologías que matan con más precisión”.
  • “es necesario mantener a las tropas en entrenamiento constante,¡qué mejor que una guerra!”

Éstos y muchos otros motivos pueden ser los justificativos que intentan esgrimir aquellos que han perdido todo grado de ética por la vida y sólo transpiran sus frentes cuando negocian grandes cargamentos de misiles a nuevos mercados.

¿A alguien le importa? Pareciera que no. Porque ni bien se realiza un negociado oscuro entre diplomáticos, políticos o agentes, damos más crédito a un incendio forestal (¡pobres pinos enanos en vías de extinción, lo ví en Discovery!) que a la realidad.

La televisión, las noticias mal presentadas y la abundancia de la información nos ha alejado de la verdad que nadie comenta.

Gracias a Dios, los cristianos (y hablo de aquellos que lo son, no a los que juegan a serlo) sabemos otra realidad que ni imaginan los que tanto apetito por el poder tienen en este mundo.

Habrá un juicio. Será terrible. ¿Asusto? Pues… Jesús lo dio a entender de un modo demasiado claro. No seré más claro yo que Él. Pueden leer sus palabras y enseñanzas. Nada mal les vendría eso.

Hay un modo de escapar. Noooo… Si se juntara el bufete más grande posible (y carísimo) con los abogados más renombrados (de todas partes del mundo), no sería posible presentar el más mínimo argumento suavizante para la sentencia que ya existe.

Sólo existe un abogado. Él no espera nuestros billetes sino nuestras vidas, está dispuesto a ponerse en el medio de Dios y nuestra condenación.

Claro que esto no es algo automático. Es necesario pedírselo.

¿Cuál es la condición? Es que sea un pedido sincero.

¿Qué tan sincero? Pues, si quieres fingir que te arrepientes él lo sabrá. Habla con Él y verás si logras engañarle en algo…

Que Dios te bendiga !

Raimundo.

Leyendo como corresponde


Desde hace años hemos sido enseñados. ¿Se nos ha dicho la verdad? Quizá nuestros maestros han hecho el mejor esfuerzo por enseñarnos lo que sabían, pero… ¿y si lo que aprendieron ellos estaba equivocado?

¿Alguna vez leerán los evangélicos al libro de Malaquías en su contexto en forma total, sin sacar al versículo 3:10 de su entorno?

Porque tal pareciera que está dentro del nuevo pacto. ¿Alguien tiene una biblia a mano? jajaj

Por un lado tenemos el tema del diezmo, (hablar sobre el cual, es hablar a la pared) en donde cualquier planteo serio que atente contra su doctrina es considerado como una clara ausencia de fidelidad, de fe y de compromiso para con Dios y Su obra; idea a la que me opongo por considerarla en sí misma un intento de argumento enclenque, como tantos otros, que se esgrimen para sostener lo insostenible.

Ahora bien. De la promesa de “sobreabundancia” de Dios a Su pueblo (¡qué coincidencia!, ¡también en base a Malaquías 3:10 !) ha surgido otra doctrina relacionada a la prosperidad. Ésta es dañina en sí misma porque no puede sostenerse, ni es compatible con el espíritu cristiano.

Si el cristiano tiene abundancia, no la posee para su propio deleite, sino para administrar generosidad.

Lamentablemente es otro el mensaje que se suele escuchar. Y aún se considera a un hermano que está atravesando necesidades como un grano de pus (o “barrito”, o “punto negro”) en la blanca epidermis del cuerpo de Cristo.

Más allá de mi punto de vista (que bien podría estar equivocado también, no me considero ajeno al error), las cosas de Dios “son como Dios quiere que sean” y no como las han intentado ilustrar desde el púlpito por los últimos … 500 años (por dar a entender que ciertos errores doctrinales y dogmáticos se vienen arrastrando desde hace tiempo y aún no se corrigen -e ignoro si se llegará a hacer algún día-).

Nosotros pasaremos. Lo que quede, si no está fundado sobre la Roca, será hojarasca que se quemará con el fuego.

¿Cuál sería un buen ejemplo de un cristiano? (Pueden optar por A ó B).

Ejemplo 1:

A: Un apóstol llamado Pablo, encadenado que dice: “¡Quisiera Dios que todos fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas!”

B: Un hermano llamado Luis, que desde su BMW 0km dice: “¡Quisiera Dios que todos fueseis hechos tales cual yo soy, excepto el valor del crudo!”

Ejemplo 2:

A: Un discípulo llamado Esteban que en un momento en donde peligraba su vida dijo: “Veo al Hijo del hombre que está a la diestra de Dios.” Y mientras lo apedreaban, Esteban oraba y decía: “Señor Jesús, recibe mi espíritu”. Y puesto de rodillas, clamó a gran voz: “Señor, no les tomes en cuenta este pecado”.

B: Un discípulo llamado Jorge que en un momento en donde peligraba su ingreso económico dijo: “Veo los cielos abiertos, y a Dios dispuesto a llenar mis bolsillos.” Y mientras lo convencían de que debería “tranzar” con Dios mediante el diezmo, Jorge decía: “Señor, lo hice porque me han dicho que es un excelente negocio”.

Si tus respuestas son A, sigues en el camino. Si son B, busca una congregación como Dios manda…