El ministerio de la tristeza


El ministerio de la tristeza

por el Reverendo David Wilkerson

Samuel fue un joven llamado al “ministerio de la tristeza”. No la suya, ni la de la humanidad, sino la tristeza profunda e insondable de Dios. Dios estaba muy afligido por la caída de su pueblo, y no había quien se condoliera. Dios estaba a punto de quitar su gloria de su casa de Silo, y los que ministraban en su altar no lo sabían. ¡Qué triste es ser tan sordo, ciego y mudo precisamente a la hora del juicio!

Israel estaba corrompido; el sacerdocio era adúltero y el ministerio organizado y establecido estaba completamente ciego. Elí representa el sistema religioso en decadencia con todos sus intereses egoístas, ablandado por la vida fácil con sólo una muestra de aborrecimiento del pecado. Elí se había vuelto gordo y perezoso con respecto a lo profundo de Dios, dedicado sólo a la liturgia.

Sus hijos Ofni y Finees representan el ministerio presente de la tradición. Esos dos sacerdotes jóvenes nunca tuvieron un encuentro con Dios. No sabían lo que era “oír del cielo”. Ni tampoco el deseo ardiente de encontrar a Dios y conocer la gloria y la presencia del Señor; no sabían nada de la tristeza de Dios. Esta clase de personas no ayunan, ni oran. Buscan las mejores posiciones ministeriales, con los mayores beneficios y las mejores oportunidades de promoción. Nunca se les ha quebrantado el corazón por la humanidad perdida; saben poco del sufrimiento. Son el producto de un ritualismo muerto y frío. ¡No tienen la frescura de Dios! Dicen las cosas rectas y novedosas, hablan y actúan como profesionales; pero no tienen la santa unción ni conocen el temor y el miedo reverente de un Dios santo.

Así que, como los hijos de Elí, se vuelven sensuales, mundanos y egocéntricos. Los hijos de Elí se corrompieron tanto que Dios los llamó “los hijos de Belial” (Satanás). Se dijo de ellos que “no tenían conocimiento de Jehová… engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel” (1ª Samuel 2:12,29). Por eso hay una multitud de jóvenes evangélicos que se vuelven fríos y sensuales, adictos a la música ruidosa y carnal, bebedores de cerveza, practicantes de relaciones sexuales ilícitas, aburridos e inquietos. Algunos pastores de jóvenes los condenan con su mal ejemplo y falta de discernimiento del Espíritu Santo. Si los líderes de la juventud no conocen al Señor, ¿cómo pueden ganar a los muchachos para Dios? Ahora nos enfrentamos a la tragedia de toda una generación descarriada porque tienen pocos pastores que les indican la manera de escapar de las trampas satánicas de esta época. Se ha tolerado mucho lo que satisface los deseos sensuales de la juventud.

Elí había perdido todo su discernimiento espiritual. Ana, una mujer piadosa, lloraba amargamente en la casa de Dios en Silo. Le rogaba al Señor que le diera un hijo e intercediera desde lo más profundo de su corazón. Ella es un tipo del remanente santo e intercesor que anhela y clama por un mensaje fresco de Dios. “Pero Ana hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y Elí la tuvo por ebria” (1ª Samuel 1:13).

¡Cuán ciego puede ser un pastor del Señor! Ella conversaba con Dios en el Espíritu, bajo la unción divina y pronta a convertirse en canal de renovación en Israel, y el hombre de Dios no pudo discernir la verdad. No comprendió en absoluto el significado de lo que ocurría en el altar. ¿Qué le había pasado a ese sacerdote del Dios altísimo, que debiera estar en pie en el umbral de un acto divino nuevo y profundo que afectaría el futuro de Israel, y está tan separado de Dios que lo confunde con algo carnal?

¿Cómo va a llegar Dios hasta el pueblo corrompido y descarriado de Israel? Dios está entristecido; quiere sacudir las cosas; ¡Él está a punto de proceder con rapidez y enojo y vomitarlo todo de su boca! Sin embargo, Elí no lo sabe. Elí se ha vuelto tan indulgente, cómodo y saturado de la tradición fría, que no tiene ni la mínima sospecha de lo que Dios dice o está a punto de hacer. Va a echar a sus hijos a un lado, a podarlos del servicio de Dios, pero están tan entregados a los placeres carnales, tan adictos a la mejor carne y tan endurecidos por el pecado que se han convertido en agentes de Satanás, ciegos ante el juicio inminente. ¡Dios debe buscar fuera de la estructura religiosa establecida a alguien bastante dispuesto a compartir su tristeza!

La Compañía de Samuel

El Señor siempre tiene su grupo de personas como Samuel que oyen su voz en tiempo de decadencia espiritual. La compañía está constituida por hombres y mujeres que no se preocupan de la tradición, la promoción ni las diferencias entre las denominaciones religiosas. Representan a pastores y laicos que están dispuestos a oír y pasan tiempo a solas con Dios.

Dios le envió un aviso a Elí con un profeta anónimo. Fue un flechazo directo al centro de un sistema religioso que se había vuelto protector de sí mismo. Elí había protegido a sus hijos descarriados. Dios le dijo en profecía: “Has honrado a tus hijos más que a mí, engordándoos de lo principal de todas las ofrendas de mi pueblo Israel”. (1ª Samuel 2:29).

Cuando Elí supo que sus hijos ostentaban su fornicación a la puerta de la congregación, todo lo que dijo fue: “No, hijos míos, porque no es buena fama la que oigo yo; pues hacéis pecar al pueblo de Jehová (1ª Samuel 2:24). Después Dios le dijo a Samuel que Él juzgaría la casa de Elí porque él conocía la iniquidad de ellos y no hizo nada para evitarla. “Y le mostraré que yo juzgaré su casa para siempre, por la iniquidad que él sabe; porque sus hijos han blasfemado a Dios, y él no los ha estorbado” (1ª Samuel 3:13).

Hay un día de juicio señalado aquí en la tierra para los ministros del evangelio que conocen el pecado de la congregación o de su familia, y no quieren hacer nada al respecto. Tal vez regañen a los adúlteros, los bebedores y los fornicarios, pero no tienen un mensaje penetrante de reprobación. Temen disciplinar a sus hijos espirituales. En el juicio nuestro Señor les preguntará: “¿Por qué no le mostraron a la gente la diferencia entre lo santo y lo profano?”.

¿Por qué fue Elí tan condescendiente con el pecado de sus hijos? Porque ellos robaban la mejor carne antes de que fuera a la olla hirviente; llevaban a casa esa carne roja y fresca y Elí ya estaba acostumbrado a ella. El sufriría si los trataba muy duro, pues tendría que volver a comer la carne cocida y húmeda. Había aprendido a cerrar los ojos ante todo el mal que lo rodeaba en la casa de Dios y en su propia familia.

Yo creo que por la misma razón hay predicadores blandos en su lucha contra el pecado. Los ha tranquilizado la buena vida. Disfrutan de la comodidad y el prestigio de las multitudes y de los edificios grandes. Es algo muy sutil. Aunque sabe que debe decir algo, el pastor se limita a decir: “¡No deberían hacer ustedes cosas malas!”. Ningún trueno sagrado. Sin tristeza por el pecado y la transigencia. Está ausente la visión de Pablo de la pecaminosidad excesiva del pecado. No hay advertencias de retribución y juicios divinos. De lo contrario, la gente se ofendería, dejaría de asisitir y de pagar las cuentas. Tal vez se detendría el crecimiento.

He predicado en iglesias como esas y ha sido una experiencia dolorosa. El pastor que, como Elí, ama usualmente el arca de Dios, no es malo, sino temeroso. Teme el movimiento del Espíritu Santo, teme ofender a la gente, da un servicio de labios solamente a la santidad y teme atacar al pecado con dureza.

Ocupo el púlpito de aquel hermano para anunciar la exigencia del Señor de santidad, la invitación al arrepentimiento, la advertencia del juicio sobre el pecado, y los transigentes se apresuran a pasar adelante llorando, confesando y en busca de liberación. Miro al lado y veo a un pastor preocupado porque tal vez se pierda el control del servicio, se manifiesten las lágrimas sin control o alguien caiga al suelo dominado por la convicción de pecado y la tristeza. Está muerto de miedo de que su “gente nueva” no comprenda. Está ansioso de volver a tomar el control de la reunión para calmar las cosas. Murmura confirmaciones dulces de que Dios los ama a todos, les recuerda que ya se hace tarde y los despide rápido. Le echa agua fría a la convicción de pecado, y las personas agobiadas por el pecado se van a casa angustiados por lo que parece ser una falta de interés de su pastor.

He salido de esas reuniones con mucha tristeza. Me pregunto: “¿Dónde está la tristeza por el pecado? ¿No pueden los líderes ver que esas ovejas llorosas quieren clamar a Dios y permitir que la convicción del Espíritu Santo haga su obra de limpieza en ellos?”.

————————————————————————————

Extraído del capítulo “Un llamado a la tristeza” del libro “David Wilkerson exhorta a la iglesia” de Editorial Vida, traducido al Español en 1991.

El error más frecuente


“Entonces respondiendo Jesús, les dijo: Erráis ignorando las escrituras y el poder de Dios (Mateo 22:29)”

Los mensajes actuales de prosperidad y ofertas generalizadas de las necesidades de la gente, son moneda frecuente en nuestros púlpitos.

Es cierto que el Señor promete beneficios sobre nuestras vidas, pero no lo hace como cosa que deba ser exigida ni “reclamada” en oración.

Las cuestiones materiales y relacionadas a nuestro sustento diario, llegarán a nuestras vidas como consecuencia de hacer lo correcto y justo delante de Dios.

Muchos valoran el estado espiritual de un hermano, líder o pastor, de acuerdo a las “bendiciones” materiales que ha alcanzado.

Por cierta lógica (cuya raíz es más diabólica que santa y que está fuertemente arraigada en las mentes materialistas) se juzga “espiritual” a un hombre por poseer cierto status social y nivel económico,  el cual se relaciona erróneamente con una especie de beneplácito de Dios que ha funcionado como generador de dicho “status” por los servicios prestados a Su obra.

Ese modo de ver el evangelio es una herejía lisa y llana.

De hecho, los que fomentan tales ideas, viven buscando textos bíblicos que amparen su postura, desechando el conjunto del mensaje de Dios.

El Señor nos alerta:

la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee“. (Lucas 12:15)

Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia,  y todas estas cosas os serán añadidas“. (Mateo 6:33)

Lo que debemos buscar es en primer lugar el reino de Dios y su justicia. Las cosas que serán añadidas, debemos “desatenderlas”, dado que Dios se encargará de suplirlas cuando sea necesario.

¿Acaso nos dice Jesús que debemos preocuparnos por alguna de las añadiduras? ¿Nos alienta a vociferar en tono de exigencia al Padre para que nos sustente?

NO !!!

Nos enseña a olvidar estas cosas en Sus manos, ya que Él se ocupará de ellas.

Nuestra responsabilidad es otra, a saber: Estar atentos y responder al llamado de Dios a cada momento en el que se requiera nuestra participación en este mundo para dar a conocer el Evangelio a toda criatura.

Para lo demás, Dios nos será suficiente.

Que el Señor te bendiga !!!

El reino de Dios


En la lectura que sigo del libro “Encuentre a Dios en lugares inesperados” del periodista cristiano Philip Yancey, me encontré con interesantes reflexiones que espero resumir con éxito a continuación:

“¿Juzga Dios a las naciones como a entidades nacionales?

El Antiguo Testamento ciertamente muestra a Dios lidiando con entidades nacionales: los profetas hicieron bajar juicio sobre Israel y Judá, también sobre Filistea, Asiria y Babilonia. Pero el Nuevo Testamento parece presentar un importante cambio: Ahora Dios está trabajando y no es principalmente a través de las naciones, sino a través de un reino invisible que trasciende las naciones.

Jesús destacó el “reino de los cielos” como el foco central de la actividad de Dios sobre la tierra.”

“Cada vez que se aproxima una elección, los cristianos debaten si este o aquel candidato es un “hombre de Dios” para el gobierno.

Tengo dificultad para imaginar a Jesús meditando en si Tiberio, Octavio o Julio César era un “hombre de Dios” para el imperio.
Lo que sucedía en Roma estaba en otro nivel completamente diferente al Reino de Dios.

El apóstol Pablo se ocupaba mucho de cada iglesia en Galacia, Éfeso, Corinto y Roma, pero no encuentro ninguna indicación de que él se ocupara de “cristianizar” el Imperio Romano.”

Algunos historiadores argumentan que la iglesia perdió de vista su misión original a medida que se acercaba al trono del poder.

Mientras las naciones se deslizan, yo estaré trabajando y orando para que el Reino de Dios avance.”

“El Evangelio de Jesús no era ante todo una plataforma política.

En el tiempo de Jesús las personas que lo veían como su salvador político, de continuo estaban aturdidas por la elección de sus compañeros. Se hizo conocido como el amigo de los recaudadores de impuestos, un grupo claramente identificado con los explotadores extranjeros.

Aunque denunciaba el sistema religioso de sus días, trató con respeto a un líder como Nicodemo, y aunque habló sobre el peligro del dinero y la violencia, le mostró amor y compasión al joven rico y a un centurión romano.

En pocas palabras, Jesús honró la dignidad de cada persona, ya sea que estuviese de acuerdo con él o no.”

“Cuán difícil es recordar que el Reino de Dios nos llama a amar a la mujer que acaba de salir de una clínica de aborto (y, sí, incluso a su doctor), a la persona promiscua que está muriendo de SIDA, al acaudalado propietario de tierras que está explotando la creación de Dios.

Si no le puedo mostrar amor a tales personas, entonces necesito preguntarme si he comprendido el evangelio de Jesús.

Por naturaleza, un movimiento político traza líneas, hace distinciones, pronuncia juicios; en contraste, el amor de Jesús cruza a través de las líneas, trasciende distinciones y dispensa la gracia.

Si mi activismo aleja tal amor, he traicionado Su reino.”

“Más y más me temo que la iglesia se vea como un enemigo de los pecadores.

¿Cómo puede uno sostenerse en un alto nivel de pureza moral, mientras al mismo tiempo muestra gracia a quienes no cumplen esas normas?

Damos servicios de labios para afuera diciendo que «odiamos el pecado mientras amamos al pecador», pero, ¿cuán bien practicamos este principio? Con demasiada frecuencia los pecadores no sienten que la iglesia los ama y que a su vez continúa alterando su definición de pecado, precisamente lo opuesto del patrón de Jesús.

Un cambio importante en la historia tuvo lugar con el emperador Constantino, quien fue el primero en legalizar el cristianismo y hacerlo una religión subsidiada por el estado. En esa época, su reino parecía ser el mayor triunfo de la fe: ahora el emperador estaba usando los fondos del estado para construir iglesias y patrocinar conferencias teológicas en lugar de perseguir a los cristianos porque no lo adoraban. Tristemente, el triunfo no vino sin un precio. El estado comenzó a nombrar obispos y otros oficiales de la iglesia, y creció una jerarquía que casi era una réplica de la jerarquía del mismo imperio. Los obispos cristianos pronto comenzaron a imponer la moralidad sobre la sociedad en general.

Me di cuenta, mientras meditaba sobre la vida de Jesús, cuánto nos hemos alejado del equilibrio divino que él estableció para nosotros. Cuando escucho los sermones y leo los escritos de la iglesia contemporánea, en ocasiones detecto más de Constantino que de Jesús. El hombre de Nazaret era uno sin pecado, amigo de pecadores, un patrón que nos debiera convencer sobre ambos aspectos.”

Queda claro que los hombres solemos “acomodar” el mensaje de Dios para diversas ocasiones, según nos conviene.

Por momentos, cuando necesitamos mostrarle sus faltas a un amigo (porque nos ha ofendido y nos tomamos las atribuciones de hacérselo saber “a la luz de las escrituras”), le ofrecemos los pasajes más cercanos al juicio que podamos encontrar.

Difícilmente tomemos la misma medicina cuando los que nos encontremos en dificultades seams nosotros mismos (o aún en desobediencia).

Pero sabemos utilizar la Palabra de Dios para terceros, sin aplicarla en los mismos términos sobre nuestras propias conductas íntimas y cotidianas.

Es aquello que Jesús mencionó tantas veces:

¿Por qué te fijas en la astilla que tiene tu hermano en el ojo,  y no le das importancia a la viga que está en el tuyo?
Mateo 7:3, NVI (Nueva Versión Internacional).

Podemos ver las cosas como el Señor las ve. Es difícil pero es posible. Una vez que nos ejercitamos en la gracia de Dios, deja de ser un camino amargo para transformarse en un dulce sendero.

Que el Señor te bendiga !!!

Líderes: “Aún no ha venido mi hora”


Jesús pasó 30 largos años de su vida sin ejercer su ministerio.

Muchos líderes de la actualidad quizá le hubieran dicho: “Es tiempo que sientes cabeza! Deberías hacer algo para Dios !!! ¿Vas a estar toda tu vida simplemente trabajando con tu padre en la carpintería y leyendo la Torah los Sábados ???”

¡Qué desperdicio de tiempo! Parece que a Dios nada lo apura para lograr “objetivos” en Sus proyectos.

En la actualidad muchas ovejas son presionadas en forma externa a que pongan manos a la obra YA !!! debido a necesidades externas y apremiantes de un ministerio determinado:

“¡Debemos alcanzar las 10.000 almas para Dios en este año!”

“Es necesario evangelizar toda la península!!!”

Dios se mueve de maneras muy diferentes.

Yo lo he comprendido y espero en Él las directivas. Mucho me ha guiado (y me guía aún) hacia Sus caminos vez tras vez. Pero en Dios no es necesario correr, sino escuchar la voz de Dios dando la señal de largada para la tarea.

No es posible forzar el crecimiento de vegetal alguno, del mismo modo, no es posible acelerar la maduración de un corazón para que esté listo para la obra de Dios.

Por otro lado, el Señor necesita soldados dispuestos para entrar en combate en determinado momento. El que un cristiano salga corriendo sin estrategia, disparando palabras sin tener idea de lo que dice o afirma, no garantiza que produzca fruto (aún cuando levante una biblia en su mano y afirme que “Dios así lo ha dicho!”).

No hay mejor cosa que entrar en acción cuando Dios desea que actuemos. Pero, por otro lado, no hay peor cosa que entrar en batalla cuando nadie nos ha dicho que lo hagamos.

Yo por ahora permanezco en quietud aguardando Su orden de entrar en acción. (Salmo 46:10).

Su madre, se acercó cuando faltaba vino en una fiesta y el Señor le dijo: “¿Qué tienes conmigo mujer? Aún no ha venido mi hora”. Posteriormente a esto, luego de sus primeros 30 años, comenzó su ministerio.

El ministerio de Jesús duró unos 3 años. “¿No podría Dios haber aprovechado mejor los 30 años anteriores?” se dirá alguno. Pues, al parecer, no era conveniente para los planes de Dios que así fuera.

No es bueno empujar a las ovejas a que se muevan cuando Dios no las envía. Debemos tener en cuenta que los tiempos de Dios no se ajustan a los de nuestras organizaciones, instituciones, planes de evangelismo, cruzadas y reuniones de milagros, sanidad, o santidad…

El Señor es quien dirige Su obra como Él ha proyectado. Debemos estar atentos a Su dirección y evitar hacer intentos infantiles por “mejorar” Sus designios.

Hermano, espera y confía en el Señor y Él hará.

Que el Señor te bendiga !!!

Aunque la higuera no florezca…


Generalmente se suele citar este pasaje en relación a la planta en sí.

La higuera ha sido mencionada junto con la vid en diversos pasajes, símbolo del alimento más común en los tiempos bíblicos del pueblo de Israel.

Leemos en la biblia lo siguiente:

Y viendo una higuera cerca del camino,  vino a ella,  y no halló nada en ella,  sino hojas solamente;  y le dijo:  Nunca jamás nazca de ti fruto. Y luego se secó la higuera.” (Mateo 21:19).

Existen muchos hermanos (aún ministros y líderes) que creen haber alcanzado cierto beneplácito a los ojos de Dios con sus actividades y creatividad evangeloide. Consideran sus obras tan sólidas (y doctrinalmente “tan bien” fundamentadas) que no logran ver la ausencia de frutos, ya que han confundido los frutos que Dios espera, con lo que ellos pueden ofrecer que, muchas veces, es sólo hojarasca.

Dios espera de nosotros fruto. Dichos frutos, serán el alimento para las almas abatidas que nos rodean.

Mas el fruto del Espíritu es amor,  gozo,  paz,  paciencia,  benignidad,  bondad,  fe, mansedumbre,  templanza;  contra tales cosas no hay ley” (Gálatas 5:22-23).

La prosperidad no es un fruto en sí mismo. Es una añadidura que sólo sirve para que demostremos nuestra generosidad.

De esta añadidura, se han escrito libros y se han enseñado horrores doctrinales. Se ha dejado de lado el evangelio para honrar a la moneda y al billete. Hemos convertido una bendición de Dios en una herejía doctrinal carnal y diabólica.

Si el Señor bendice a alguien, y éste insiste en acumular bienes con el fin de “dar señales al resto de los hermanos de lo mucho que Dios le respalda (y le prospera)”, pues, pronto Dios secará esa higuera y la maldecirá pues huele a pudrición.

Nada hemos traído a este mundo y, sin duda, nada podremos llevar. Cuando Dios nos da, es para que demos. Pero con sabiduría y siendo nosotros los que administramos la dádiva.

Qué pena que se siga enseñando que un tercero (llámese líder o ministro) sea quien decida qué hacer con aquello con lo cual Dios nos ha bendecido para ser nosotros mismos un canal de bendición a otros.

Dejar nuestra responsabilidad de bendecir en manos de un tercero (por más confianza que se le pueda tener) es ser un mal administrador. Pues transferimos nuestra tarea a otro, para no tener que tomarnos la molestia de encontrar a quién Dios quiere que seamos de bendición con lo que Él nos dió.

Por otro lado, nos convertimos en una piedra de tropiezo para aquel a quien encargamos este asunto, quien se acostumbra pronto a la holgura de ingresos y se convierte en un avaro que sólo piensa en sí mismo y en sus posesiones, olvidando la familia de Cristo.

La higuera no florece, no da fruto, sólo está generando grandes hojas que parecieran prometer mucho, pero que se quemarán con el fuego pues nada de fruto aprovechable arrojarán.

Por lo tanto,

Aunque “la higuera” no florezca… Con todo,  yo me alegraré en Jehová,  y me gozaré en el Dios de mi salvación.
(Habacuc 3:17a,18).

El que lee, entienda.

Nuestro "talón de Aquiles".


El siguiente párrafo fue extraído de Wikipedia. Posteriormente a su lectura, hago una reflexión que espero les sea de provecho.

——————————————————-
El talón de Aquiles es una expresión que se emplea para referirse al punto flaco o débil de una persona o cosa: “La avaricia es el talón de Aquiles de Fernando“.

Tiene su antiguo origen en la Ilíada, epopeya griega de Homero. Este poema está protagonizado por el héroe Aquiles, prácticamente invulnerable desde que fue bañado de bebé en las aguas sagradas del río Estigia por su madre Tetis. Sin embargo, su madre lo sostuvo por el talón derecho para sumergirlo en la corriente, por lo que ese preciso punto de su cuerpo quedó vulnerable, siendo el único lugar de su cuerpo en el que Aquiles podía ser herido en batalla.

Así, durante el asedio de Troya, batalla final de la guerra librada entre griegos y troyanos, Paris mató a Aquiles clavándole una flecha envenenada en el talón.

Por esta historia recibe también su nombre el tendón de Aquiles.
——————————————————-

Se suele decir que todos tienen su “talón de Aquiles”. En otras palabras, se suele dar por entendido que todos somos débiles en algún punto.

El apóstol Pablo dijo:

“Y para que la grandeza de las revelaciones no me exaltase desmedidamente,  me fue dado un aguijón en mi carne,  un mensajero de Satanás que me abofetee,  para que no me enaltezca sobremanera; respecto a lo cual tres veces he rogado al Señor,  que lo quite de mí.
Y me ha dicho:  Bástate mi gracia;  porque mi poder se perfecciona en la debilidad.  Por tanto,  de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades,  para que repose sobre mí el poder de Cristo.
Por lo cual,  por amor a Cristo me gozo en las debilidades,  en afrentas,  en necesidades,  en persecuciones,  en angustias;  porque cuando soy débil,  entonces soy fuerte.”
2ª Corintios 12:7-10

Dios mismo ha permitido que permanezca en nosotros un aguijón, que nos “abofetee” para mantenernos a raya en cuanto a nuestro orgullo de considerarnos importantes por aquello que somos, o por lo que hacemos, o por todo aquello que los demás ven en nosotros.

En el momento en que este “aguijón” deje de molestarnos, será porque ya no estaremos viviendo en nuestro cuerpo carnal. Mientras debamos participar de la vida humana tal como la conocemos (carnal, sujeta a pasiones, finita), no podremos evitar el padecimiento que nos provocará nuestro aguijón (sea cual sea el que Dios nos haya asignado).

¿Acaso esto debe alentarnos a quitar dicho aguijón o a apartarnos de la realidad actual de vivir en el cuerpo? Yo creo que pensar de este modo sería un error.

El apóstol nos dice que “por amor de Cristo”, se seguiría gozando de los padecimientos que llegaran a su vida en virtud de experimentar el poder de Dios que, tal como el Señor mismo le dijo, era perfeccionado en él precisamente gracias al aguijón.

En otras palabras, el aguijón que te molesta, el “talón de Aquiles” que tu enemigo ha encontrado y está utilizando para zarandearte, no es más que una herramienta en las manos de Dios para que puedas observar el inmenso poder que Dios posee para vencer esas pequeñeces que ahora ves como gigantes invencibles.

Para el Señor no existen los Goliat que puedan arrebatar o poner en ridículo tu fe.

Quizá por un tiempo parezca existir una extraña inclinación de la balanza y el enemigo puede estar sacando cierta ventaja momentánea.

La victoria final de toda lucha estará en tus manos si permaneces confiando en Dios.

Si pensamos seriamente, el día que Jesús fue llevado al sepulcro, luego de padecer de modo lento y brutal, nadie daba garantía alguna de que saldría de ese terrible ataque. Sin embargo venció a la muerte y Dios lo glorificó.

Cuanto mayor es la lucha, tanto más grande es la victoria que el Señor pondrá en tus manos.

Que el Señor te bendiga !

Apártense de los tales !!!


La palabra de Dios nos enseña que no estamos más bajo la ley, y que ningún “principio” (o como quiera que se le llame) se aplica en la actualidad a los cristianos. Sólo el amor al Señor y al prójimo.

El Señor bendecirá su vida en la medida que Él considere, de acuerdo a la generosidad de su corazón al dar. Pero de allí, a decir que la bendición de Dios responde a un gesto generoso de nuestra parte, o rito de obediencia, o “principio”, o como se le llame, existe un gran abismo.

Lo mismo sucede con algunos católicos que afirman que Jesucristo es el camino, pero que podemos llegar a Jesús a través de María, con el argumento siguiente (infantil, por cierto): “¿Cómo Jesús no va a escuchar a su madre? Si queremos hablar con Él podemos hacerlo a través de ella!”.

Este tipo de herejías (la del diezmo es mucho más sutil) son las que hacen que muchos cristianos tengan una relación con Dios tan liviana y superficial.

El dinero es algo pasajero y el Señor sabe de qué cosas tenemos necesidad. No me preocupo por el dinero. Prefiero confiar en que Él me sostendrá. Y mientras tanto hago lo mejor que puedo con lo que tengo para hacer lo que el Señor nos mandó:

“Dad limosna de lo que tenéis” Lucas 11:41.

Cuando parece que nada tenemos, algo tenemos…

Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales.

Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento; porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar.

Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.

Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.
Mas tú, oh hombre de Dios, huye de estas cosas, y sigue la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la mansedumbre.” 1º Timoteo 3:11